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I don't even miss you

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Tonya Crowley estaba de un humor de perros y lo último que necesitaba era un cliente quisquilloso amargándole más el día.

(Lu no dejaba de llamarla. ¿Qué parte de “no quiero volver a verte” era tan difícil de entender?) 

Reconoció el tono de niño pijo nada más oír la afectada vocecilla tras ella.

- Disculpe, ¿señorita?

- Que – respondió ella de malos modos, sintiendo una perversa satisfacción al ver la ofensa en el pálido rostro del joven.

Creyó que perdería las formas pero el tipo se recompuso enseguida. Se acomodó su chaqueta con coderas, respiró hondo y continuó educadamente.

- Me gustaría devolver este teléfono, me temo que está defectuoso.

Tonya ni siquiera se molestó en revisar el producto.

- No se admiten devoluciones con el embalaje abierto.

- Lo entendería si el aparato funcionase correctamente, pero resulta que venía estropeado, así que… - dijo empujando la caja hacia ella.

- Oye, tío yo no hago las normas. No hay devoluciones con la caja abierta- dijo ella empujándola de vuelta.

El tipo empezaba por fin a perder la paciencia para regocijo de Tonya.

- Quiero ver a su supervisor- dijo él secamente.

- No está – lo cortó ella – Pírate y vuelve por la mañana, cuando no sea mi turno.

El hombre boqueó enfadado y confuso y ella tuvo que esforzarse por no sonreír. Los ojos grises la miraban desconcertados y un gracioso rubor se extendía por esas mejillas redonditas.

Manteniendo su pose de “hastiada de la vida” chasqueó la lengua y recogió la caja abierta del teléfono. La cerró con celo, cogió un aparato nuevo de la estantería y cambió la alarma de este a la caja que acababa de reparar. Con un gesto le lanzó el teléfono nuevo al hombre que lo cogió estupefacto.

Sus ojos claros iban de la joven al producto estropeado que había devuelto al expositor sin rastro de sonrojo.

- Pero… pero… - balbuceó el hombre. Tonya frunció la nariz para ocultar una sonrisa.

- Fuera de mi vista – susurró en tono de amenaza y el hombre giró sobre sus talones y salió por la puerta sin atreverse a mirarla de nuevo.

En cuanto la puerta se cerró tras él la chica dejó escapar una carcajada. Recogió el producto defectuoso del estante y lo llevó a la trastienda con una sonrisa en los labios. Al final el niño pijo le había alegrado la tarde.

***

Azirafel se dejó caer en su sitio habitual en la cafetería, aun tratando de procesar lo que acababa de ocurrir.

Michelle arqueó una ceja.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó con un deje de preocupación

Uriel volvió a la mesa con tres cafés y observó escéptica a Azirafel.

- ¿Qué le pasa a este? – preguntó mirando a Michelle

- Nada, queridas. – dijo Azirafel reaccionando por fin – Pero me ha ocurrido algo de lo mas curioso hoy.

- ¿Se te ha doblado una esquinita de un libro? – se burló Michelle

- Muy graciosa – respondió él sarcástico. – Me ha atendido una dependienta de lo más maleducada y, sin embargo, tremendamente eficiente.

Michelle y Uriel pusieron los ojos en blanco y retomaron su conversación sin darle importancia, sabiendo lo socialmente particular que podía llegar a ser su amigo.

A Azirafel no le importó, ya estaba acostumbrado, además tenía otras cosas más interesantes en las que pensar.

En concreto pensaba en la preciosa melena pelirroja de la joven de la tienda, también en la particular forma de su nariz y en el curioso color ámbar de sus ojos. Si no hubiese sido tan grosera quizás podría haber flirteado un poco…

- ¿Verdad, Zira? – la voz de Uriel lo devolvió a la Tierra.

- Disculpa, ¿Qué decías?

- Que vendrás el sábado al cumpleaños de Gabriel. Iremos a la fiesta de la facultad.

- ¿Este sábado?

- Si, este sábado. ¿Pero qué te pasa hoy?

- Supongo que estoy un poco distraído- dijo él obligándose a concentrarse – No se si podré ir… tengo varios encargos.

Michelle lo miró indignada.

- Tú y tus dichosos encargos ¿Qué necesidad tienes de perder el tiempo restaurando libros viejos? No necesitas la pasta y ni siquiera tiene nada que ver con tus estudios.

- Algunos tenemos aficiones que no son acostarnos con todo lo que se mueve y beber hasta perder el conocimiento. – replicó

- ¡Ah, muy bonito! Así que te pierdes el cumpleaños de tu amigo por una afición.

Azirafel compuso una mueca. Referirse a Gabriel como su amigo implicaba un concepto de amistad especialmente flexible.

- ¡Hablando de acostarse con todo lo que se mueve! – exclamó Uriel librándolo de contestar - ¿Qué tal con ese con el que salías?

- ¿Remiel? Un desastre. Solo nos hemos visto dos veces pero créeme, he tenido más que suficiente.

- Oh, que pena, erais una pareja tan mona… - repuso Michelle olvidando su enfado.

Azirafel resopló. Odiaba que se comportasen así con él. Le hacía sentir como una mascota. Michelle y Uriel no eran malas chicas, pero a veces le daba la impresión de que mantenían su relación porque les encantaba que él interpretase el papel de “amigo gay”, lo cual ni siquiera era cierto.

Azirafel se preciaba en no dejarse distraer por algo tan trivial como el género de sus amantes, pero ellas se empeñaban en desanimarlo cuando alguna chica le llamaba la atención, repitiéndole que debía “decidirse”.

De pronto no le apetecía seguir allí de cháchara. Deseó estar con sus libros que no le hacían preguntas absurdas sobre el aspirante a abogado al que acababa de despachar después de un polvo mediocre y media hora de discurso sobre por qué todo el mundo era idiota menos él. Menudo imbécil.

Se acabó el café, se disculpó ante sus amigas poniendo de excusa un examen de macroeconomía (para el que no tenía pensado estudiar) y prometiendo hacer todo lo posible por ir a la fiesta de Gabriel (al menos mientras no se le ocurría una excusa decente).

***

Tonya esperaba a sus amigos tratando de releer una manoseada edición de Romeo y Julieta a la luz de una farola. Normalmente prefería las divertidas, pero esa obra en concreto conseguía atraparla en lo rocambolesco de la historia, al menos la mayor parte de las veces.

Hoy no. Cada dos párrafos debía parar y volver atrás al darse cuenta de que no se estaba enterando de nada. Su mente vagaba por si sola hacia aquel niño pijo, repasando una y otra vez la mala pasada que le había jugado esa misma la tarde y sonriendo para si misma. El pelo rubio alborotado, los ojos grises abiertos como platos y las mejillas sonrosadas como manzanas… parecía un angelito de un cuadro barroco.

Estaba tan perdida en sus fantasías que no oyó acercarse a la pandilla. Uno de los muchachos golpeó el libro desde abajo provocando que saltase de sus manos y haciéndolo aterrizar en un charco.

- ¡Hastur! – bramó ella enfadada recuperando el volumen totalmente empapado – ¿Eres gilipollas? ¡Mira lo que has hecho!

- Bah, cállate Tony, solo es un libro de mierda.

- Ahora desde luego sí. Está inservible- dijo ella mirando el amasijo de papel y dejándolo apenada sobre una papelera cercana.

- Eres peor que un crío – lo reprendió Bel tomando a Tonya de la mano y echándose a andar delante del grupo.

Las dos chicas siguieron caminado cogidas del brazo, alejadas del barullo que sus amigos provocaban unos metros más atrás.

- Lo siento, Tony – dijo Bel con tristeza – Hastur es un capullo por comportarse así. Lu es su amigo y no está llevando muy bien todo esto.

- ¿Qué coño tiene que llevar bien? Rompimos y punto. Si no quiere hablarme no le obligo, pero que no de por saco. – refunfuñó ella.

- Te compraré otro libro – trató de animarla su amiga.

- Me da igual el puto libro – mintió ella dándole una patada a una lata tirada el la acera – Sólo quiero jugar al billar y tomarme unas cervezas. He tenido un día de mierda.

- Yo tampoco he parado. La cafetería a reventar, como siempre- se quejó Bel – Te juro que a veces sueño con decirle cuatro cosas a algunos clientes.

- Pues yo hoy he cumplido tu sueño – rio Tonya encantada – acojoné a un universitario pijito hasta que salió por patas de la tienda.

Las dos rieron a carcajadas de mucho mejor humor.

***

Azirafel caminaba hacia el metro cuando oyó los gritos. Era la hora de cierre y había tomado ese camino con la lejana esperanza de verla de nuevo, pero realmente no esperaba encontrarse con una escena como esa.

“¡Hastur! ¿Eres gilipollas?” gritaba la chica pelirroja al otro lado de la plaza. La vio sacar un maltratado libro de un charco, y dejarlo sobre una papelera antes de echarse a andar con otra joven delante del grupo que había ido a recogerla.

Azirafel esperó un momento a que las voces se perdiesen en la noche, se acercó a la basura y recuperó el libro. Romeo y Julieta. Miró hacia la calle por donde había desaparecido la chica y sonrió enternecido.

Era una edición barata de tapas blandas y los daños por el agua eran considerables. Separó algunas páginas con cuidado y vio que la joven había escrito anotaciones en algunas de ellas. Probablemente lo mejor que podía hacer era tirar el libro, pero le pareció profundamente inapropiado, así que con todo el cuidado del mundo lo envolvió con su pañuelo y se lo llevó.

El viernes, después de pasarse tres días secando, alisando y rehaciendo la encuadernación del dichoso libro, volvió a la tienda de electrónica. Miró por encima de los expositores pero no la vio por ninguna parte, así que decidió dejarle el libro a una de sus compañeras.

- Hola, señorita – le dijo a una dependiente rubia y menuda.

- ¿En que puedo ayudarle? ¿Busca algo en concreto?- preguntó ella con amabilidad.

- Oh, no, no estoy comprando nada- aclaró Azirafel- Me preguntaba si podría usted entregarle esto a una compañera suya. Una joven pelirroja. Se lo dejó olvidado en la calle me temo.

El joven sacó el libro de su bolsa. Las páginas estaban un poco amarillentas pero había conseguido un tono uniforme. Había sustituido las tapas por completo, reemplazándolas por un material más resistente de un rico tono burdeos con las letras grabadas en dorado.

- Ah, si claro. Debe estar a punto de llegar si quiere entregárselo usted mismo.

- Tengo algo de prisa.- se excusó él consultando su reloj y comprobando que, en efecto, llegaba tarde a clase- Si pudiese hacerme el favor le estaría muy agradecido.

- Si, por supuesto. Sin problema

- Muchas gracias.

***

Tonya estaba acabando de ponerse el uniforme cuando oyó que una compañera la llamaba desde el otro lado del almacén.

- Tonya, un tío acaba de dejar esto para ti.

Ella cogió el libro y observó la cubierta desconcertada. ¿De verdad Hastur le había comprado otro ejemplar? Salió hacia la tienda buscándolo y se quedó helada al ver esos cabellos blanquecinos y esa estúpida chaqueta con coderas.

¿A que venía que aquel tipo le regalase una edición claramente más cara de un libro que acababa de perder? ¿Y como sabía ese extraño que libro debía comprarle? La vida le había enseñado a ponerse en lo peor así que, enfadada, le gritó desde el otro extremo del pasillo de informática.

- ¡Eh! ¿Que coño es esto?- dijo blandiendo el volumen.

- Pues tu libro, pensé que era evidente- respondió él que ese tonito que la ponía del hígado.

- ¿Te he pedido yo que me comprases otro puto libro?- dijo en voz más baja acortando la distancia entre los dos.

- No, pero…- balbuceó el otro

- Ohh claro, ahora es cuando yo me siento tremendamente agradecida y me veo en la obligación de “compensarte”

- ¡No! ¡Para!- se plantó él - No vas a hacerme eso otra vez. Si crees que puedes ponerte en plan abusona conmigo estás muy equivocada. ¿No quieres el libro? Ningún problema. Devuélvemelo.

Ahora fue ella quien se quedó bloqueada mirando esos ojos grises que la atravesaban como puñales.

- He invertido un montón de tiempo en restaurar ese ejemplar en particular porque pensé que era valioso para ti, pero está claro que me equivoqué.- continuó el chico- No quiero que se desperdicie mi trabajo. Devuélvemelo.

Pero la joven lo había abierto y observaba las páginas atónita.

- Es mi libro- el enfado resbaló a través de ella dejando a su paso una extraña sensación de irrealidad.

- Eso he dicho.

- ¿Has cogido un libro inservible de la basura y has hecho…esto? ¿Tú?

El tipo no le había comprado otro libro. Había encontrado el suyo, con sus anotaciones, sus dibujitos en los márgenes, totalmente destrozado y lo había restaurado. Porque sí.

Azirafel se encogió de hombros

- Tampoco estaba tan mal… - dijo sin saber si era un cumplido o una crítica.

Ella cerró el volumen y lo apretó contra su pecho. Se sentía avergonzada y confusa. De pronto la idea de desprenderse de aquella maravilla resultaba intolerable.

- Creo… creo que prefiero quedármelo- murmuró.

Él sonrió y asintió. Su sonrisa parecía iluminar la sección de los discos duros y Tonya sintió que le faltaba el aliento.

- Gracias – dijo en un susurro casi inaudible.

- Ha sido un placer- respondió él recuperando el tono amable.

Sintió que empezaban a arderle las mejillas y alarmada se dio la vuelta y desapareció en el almacén.

***

Un turno de ocho horas después Tonya llegó su minúsculo apartamento, esquivó a su compañera de piso con un par de excusas y se encerró en su habitación.

Ojeó el libro de nuevo con reverencia, fijándose en el cuidado con el que las páginas habían sido alisadas, como el papel se fundía con las tapas nuevas… esperaba encontrar alguna pista sobre el chico rubio, algo oculto entre las páginas, pero no había nada que no debiera estar allí.

Lo más probable era que no volviese a verlo jamás. Debería haberle pedido su teléfono, aunque quizás él no quisiera dárselo, quizás no estuviese interesado en ella, estaba claro que pertenecían a dos mundos muy distintos.

Él era un niño de papá, estudiante en una de las universidades más elitistas de la ciudad (el escudo de su bolsa no mentía) y ella el producto de una familia desestructurada que abandonó su casa en cuanto le fue posible legalmente y hacía malabares para llegar a fin de mes.

Su móvil vibró recibiendo un mensaje detrás de otro interrumpiendo sus pensamientos. No necesitaba abrirlos para saber que eran de Lu. Era viernes y seguro que ya estaba borracho.

Resignada cogió el teléfono y abrió su conversación para encontrarse con las predecible mezcla de apasionadas confesiones de amor, insultos y amenazas típicos de su exnovio.

Debería haberlo bloqueado hace semanas, pero no era capaz de juntar el valor. Habían sido cuatro años de su vida y, aunque el último había sido un auténtico infierno, no podía negar que habían vivido cosas buenas también.

Entró otro mensaje, pero este no era de Lu, sino de Bel.

- ¡Tony! ¿Estás bien? ¿Dicen que tuviste problemas en la tienda? ¿Fue el pijo del otro día?

- Sí, pero fue un malentendido. Creo que me pasé bastante con él.- escribió ella con una sonrisa. 

- Creo que es la primera vez que reconoces que te has pasado de la raya.

- Ja ja, muy graciosa.

- Oye, ¿Como te va con Lu? Hastur dice que está fatal.

- Me tiene frita. No deja de escribirme y cada vez que bebe tengo mil llamadas perdidas.

- Tony, es evidente que está pasándolo mal… ¿no te planteas darle otra oportunidad?

Tonya apretó los dientes. Así que era eso, ahora Bel se había unido al club de las segundas oportunidades. ¿Es que no había sido suficientemente clara sobre lo mal que lo había pasado los últimos meses? Bel no lo entendía. No era sólo que hubiese dejado de querer a Lu, es que le tenía miedo.

- No. Me parece muy fuerte que tú me estés diciendo esto. Ese rollo raro que tienes con Hastur te está reblandeciendo el cerebro.

- Eh, no te juzgo. Solo pregunto. Y no te metas con Hastur, tiene sus cosas buenas. A mi me trata bien.

- Por ahora. ¿A caso te crees que Lu no era un encanto conmigo al principio?

- Bah, tía, no seas así. Si no quieres volver con Lu vente mañana a la fiesta a ver si ligas con algún despistado.

- ¿Para qué? ¿Para aguantar a Danielle y a Ligur leyéndome la cartilla? Paso.

- No, de verdad. Venga, solo chicas. Hablo con Dany y vamos las tres por nuestra cuenta.

Tonya despegó los ojos de la pantalla del teléfono y dejó vagar la mirada por la pared del cuarto. Quizás no le viniese tan mal airearse un poco.

***

Azirafel acababa de llegar a la fiesta y ya quería marcharse. Michelle se había traído a Sandalfón y Uriel le estaba tirando los trastos a Gabriel con tanto descaro que le producía vergüenza ajena.

La música era atronadora y el alcohol caro y malo, pero como tampoco tenía nada mejor que hacer pensó que emborracharse no era tan mala idea.

Varias copas después, apoyado contra la mesa alta y observando a sus amigas flirtear con aquellos dos sujetos, suspiró deprimido por el lamentable estado de su vida amorosa.

Tener pareja no lo era todo, desde luego, pero la sensación de fracaso lo asaltaba en todas las facetas de su vida.

Sus relaciones familiares eran nefastas, estudiaba una carrera que odiaba coaccionado por su madre y abocado a un futuro igual de aborrecible, y para colmo parecía ser incapaz de encontrar una persona mínimamente compatible con su forma de vida.

Sabía que eran pequeñeces. Tenía garantizadas sus necesidades básicas, la posibilidad de realizar un trabajo que le permitiría mantenerse con comodidad y una afición a la que dedicar su tiempo libre. Era mucho más de lo que otros podrían llegar a soñar, y aún así la felicidad lo rehuía. Se sentía profundamente miserable y culpable al mismo tiempo. Quería irse a casa.

- Zira- le gritó Michelle sobre el ruido – Vamos a otro sitio, la música es un asco.

Salieron a la calle para buscar un taxi y entonces Azirafel aprovechó.

- Emm, chicos… yo creo que me voy a ir a casa. No me encuentro muy bien.

- ¿Te acompañamos? – preguntó Uriel algo preocupada, pero se le notaba que prefería seguir con la fiesta.

- No, en absoluto – dijo levantando una mano para llamar la atención de un taxista – Pasadlo bien.

Observó como el vehículo desaparecía con las dos parejas en su interior y reprimiendo un suspiro de insatisfacción se echó a andar.

Entonces metió la mano en el bolsillo y no encontró su teléfono. Revisó el resto sin éxito y entonces se dio cuenta de que se lo había dejado en la mesa.

- ¡Mierda! – maldijo en voz alta y se apresuró a volver a entrar en el local para buscarlo.

Milagrosamente el móvil seguía allí. Se tomó un momento para comprobar que funcionaba correctamente, entonces levantó la mirada y la vio. Bailaba sola en el centro de la pista. Creyó que se le había parado el corazón.

Los largos cabellos pelirrojos caían en cascada sobre sus hombros expuestos, la línea de su cuello y sus clavícula parecían cinceladas en mármol. Llevaba un top ajustado negro y rojo que dejaba al aire la parte baja de su vientre, descubriendo el principio de sus estrechas caderas. Sus piernas se veían interminables cubiertas por la brillante tela del pantalón que se ceñía como una segunda piel.

La temperatura parecía haber subido un par de grados, y entonces ella lo miró. Esos ojos color ámbar se fijaron en él como los de un gran felino sobre su cena y la sonrisa que le dedicó solo podría ser descrita como “depredadora”.

La música lo envolvía y era como si las luces parpadeantes se concentrasen en ella, haciéndola brillar como un ser sobrenatural.

***

Tonya lo vio al otro lado del local y no pudo evitar que una sonrisa incontrolable se extendiese por su rostro. No podía creer que tuviese tanta suerte. La música retumbaba en su pecho, ahogando los latidos desbocados de su corazón, y su cuerpo intoxicado por el alcohol se dejó llevar.

Sometimes I’m good for nothing / Sometimes the best you’ve ever had / Sometimes I need your loving /Sometimes I stab you in the back…

El joven rubio pareció reaccionar cuando ella empezó a moverse, bailando con más intención, y se acercó abriéndose paso entre la gente para llegar hasta ella.

I found a meaning / Just what I needed/ Cut on the bathroom wall […]

Podrían no haberse visto ¿Cuáles eran las posibilidades de encontrarse en un sitio como aquel? ¿De verse y de sentir el tirón gravitatorio entre los dos? Tonya se mordió el labio inferior deseando que aquello tuviese algún tipo de significado.

Night crawling, sky falling / Gotta listen when the Devil’s calling […] Come on, come on / Night crawling

El joven llegó hasta ella y se detuvo solo a unos centímetros. Tonya trataba de que él entendiese, que viese en sus ojos su deseo, la necesidad imperiosa de reducir a la nada esas míseras pulgadas.

Una mano sorprendentemente suave se posó sobre su mejilla. El pulgar en su pómulo, el índice y el anular en su mandíbula y su cuello. Se deleitó en el contacto, en el escalofrío que recorría su columna, en la calidez que irradiaba ese cuerpo y supo, en un impulso imprudente, que se dejaría llevar a donde él quisiera llevarla.

***

La piel de la chica casi le quemaba la palma de la mano. Era aún más bonita a esa distancia. Las luces brillantes se reflejaban en esos ojos felinos y resaltaba las leves pecas que recorrían el puente de su nariz. Era casi tan alta como él, pero sus extremidades eran delicadas y largas. Nada más tocarla sintió como el contacto lo sacaba a flote de sus deprimentes pensamientos hacia la luz.

Sometimes my thoughts are violent / Sometimes they bring me to the light / Sometimes I sit in silence / Sometimes I’m running for my life

Sin decidirse a besarla todavía deslizó la mano de su rostro hacia su esbelto cuello y la otra en dirección a esa estrecha cintura.

Fue ella la que dio el paso. Esos labios pintados de rojo se relamían en un momento y al siguiente estaban sobre los suyos.

[… ] Midnight reflection/ Craving attention/ Under the disco ball (yeah, yeah) [...] Come on, come on / Night crawling

La música fue bajando poco a poco creando un extraño silencio antes de que empezase la siguiente canción.

Ella se separó de él jadeando ligeramente. Sus largos dedos se hundían en la tela de su chaqueta como si quisiese prolongar en momento indefinidamente.

- ¿Quieres venir conmigo? – mustió él esperando el rechazo. ¿Quien en su sano juicio accedería a semejante propuesta?

- Sí – dijo ella casi contra sus labios – Sácame de aquí.

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Gracias a Dios, o a quien fuera, el chico vivía cerca del local. Salieron al aire fresco de la noche cogidos de la mano, tirando uno de otro, besándose en cada esquina y riendo al borde de la euforia. Los dos estaban borrachos, lo suficiente como para sentirse más desinhibidos pero no tanto como para no ser conscientes de lo que estaba pasando.

Cada beso se sentía más necesitado y profundo que el anterior. La lengua de él se abría paso con más naturalidad cada vez que sus bocas se encontraban y ella la acogía encantada, gimiendo cada vez más alto.

Entraron en el pequeño estudio incapaces de separarse. Sus labios colisionaban una y otra vez en besos urgentes y descuidados.

Ella le quitó la chaqueta y desabrochó los botones de su camisa. Mientras las manos del chico acariciaban sus pechos sobre la tela de su top haciéndola estremecer.

Podía sentir su erección contra su muslo, buscando fricción contra la tela de cuero falso. Sus manos grandes y fuertes parecían estar en todas partes, en sus caderas, en su nuca en su pelo… Y que maravillaba resultaban esos rizos rubios entre sus dedos.

De pronto se sintió caer hacia atrás y aterrizaron sobre lo que parecía un sofá. Entonces el peso del cuerpo del otro dejó de estar sobre el suyo. Esos labios rosados recorrían su pecho, esas manos deshaciendo el cierre de su top con habilidad, y estimulando sus pezones con su lengua.

El tipo sabía lo que hacía, desde luego. Ella no se sentía así desde los primeros meses de relación con Lu, y aun así su ex novio nunca había sido tan cuidadoso.

Él se arrodilló entre sus piernas y besó el interior de sus muslos con avidez a través de la tela. Ella supo que el poco sentido común que le quedaba se iba a esfumar en breves instantes. No sabía nada de él, no habían hablado de nada, de lo que sí y lo que no, ni siquiera sabía su nombre. Ella jamás habían hecho nada parecido. ¿Pero que coño le estaba pasando?

[I don’t need a future, I don’t need your past/ I just need a lover/ So gimme what I want or I give it to my…]

- Oye- dijo pensando que al menos debía dejar claros unos mínimos – No follo sin condón.

El chico levantó la vista hacia ella, abrió el cajón de la mesita junto al sofá y sacó una caja de preservativos.

- ¿Que te hace pensar que yo si? – repuso alzando las cejas con suficiencia.

- Eres insufrible - le espetó ella, pero se dio cuenta de que él bajaba un poco el ritmo, como si calibrase la forma en la que ella se sentía más cómoda.

[I can tell that you’re new to this/ Slow it down, but you can’t resist/ Beat your fantasy/ Give yourself to me]

Las manos del joven se detuvieron en sus caderas, acariciando la cintura del pantalón

- ¿Puedo? – preguntó con cierta timidez.

Ella se mordió el labio inferior y asintió, deseando haberse puesto algo un poco menos ceñido. Pero a él no pareció importarle tener que forcejear con la prenda para retirarla, parecía disfrutar haciendo que se deslizase por sus piernas centímetro a centímetro.

Él respiró hondo tratando de contenerse, pero cuando al fin la tuvo desnuda creyó que iba a perder la cabeza. Esas piernas interminables, las angulosas caderas, el relieve de sus costillas y esos pechos como leves colinas. Sabía lo que dirían otros hombres, que parecía un muchacho, que no tenía curvas, que resultaba poco femenina…memeces. Era perfecta.

Volvió a besar el interior de esos muslos, ahora directamente, y recorrió con su pulgar la delicada abertura entre sus labios menores, humedeciendo su dedo para acariciar su clítoris, terso como una perla. Ella dio un respingo y él le sonrió con lascivia.

- Me temo que tendrás que avisarme si algo no te gusta, querida - le dijo en un susurro - hace tiempo que no estoy… con alguien como tú.

- ¿A que te refieres con “alguien como yo”?- preguntó ella a la defensiva, y él temió haber roto el momento justo cuando parecía que empezaba a relajarse.

- Con una mujer- aclaró él un poco ruborizado.

Ella alzó un ceja inquisitiva. Era cierto que el chico era algo amanerado, pero la atracción hacia ella era evidente, visible incluso.

- Mis amigas se empeñan en presentarme varones, pero la verdad es que creo que no entienden mis auténticas preferencias- dijo él inclinándose hacia adelante y circundando el sensible nódulo nervioso con su lengua.

La chica se arqueó contra el sofá con un gemido y hundió sus dedos entre los pálidos rizos rubios.

- Y… ¿qué preferencias son esas si se puede saber?- dijo ella entre jadeos.

- Gente interesante, independientemente de lo que haya entre sus piernas- dijo él sin dejar de acariciar su clítoris con los dedos- Aunque he de reconocer, querida mía, que esto tuyo es una delicia.

- ¡Joder!- gritó ella sorprendida por la corriente de placer que le provocaban los dedos y las palabras del otro.- Creo que no te hace falta el manual de instrucciones.

El chico rio con ganas y volvió a retomar el proceso de complacerla con su lengua. Con delicadeza introdujo un dedo en su entrada, buscando en su interior esa zona más sensible.

Succionó con la fuerza justa mientras curvaba sus dedos dentro de ella. En unos minutos alternaba entre su lengua y sus labios y las manos de ella se aferraban con tanta fuerza a su pelo que casi le hacía daño. Gruñó excitado, en esos momentos las líneas entre el placer y el dolor se difuminaban.

[… Careful, you might hurt yourself/ Pleasure leads to pain / To me, they’re both the same]

Entonces la chica tiró de su camisa haciendo que se echase sobre ella para besarla de nuevo.

- Desnúdate- susurró ella contra sus labios.

Él se incorporó y continuó el trabajo que ella había empezado. Se quitó la camisa, se descalzó y desabrochó sus pantalones, pero al ir a quitarse la camiseta su mirada se desvió de esos ojos ámbar mientas se deshacía de la prenda. No quería mirarla y ver la decepción en sus ojos, ya le había pasado. Pero entonces vio que ella se había levantado y una de sus manos recorría la suave curva de su vientre.

- No, nada de eso- dijo ella tomándolo por la barbilla y obligándolo a enfrentar esos ojos ambarinos- Aquí no existe la vergüenza.

Él la miró un momento sintiendo que un nudo en su interior se deshacía y atacó sus labios con renovada pasión.

Ella le ayudó a quitarse los pantalones y la ropa interior y al instante sus manos estaban acariciando su miembro erecto haciéndolo suspirar de alivio.

[Tonight, you came here/ ‘Cause you know what I need/ And no one likes to be alone]

Se tumbaron de nuevo en el sofá masturbándose mutuamente sin dejar de besarse y acariciarse. Los besos subían de intensidad rápidamente, intercalándose con mordiscos que dejaban marcas tras ellos. Él parecía disfrutar especialmente de ellos y cada vez que ella clavaba sus dientes en las partes más sensibles de su cuello lo sentía perder el control, sus caderas proyectándose hacia delante en un acto reflejo.

Él sentía las gotas de sudor deslizarse por su espalda, la necesidad y la urgencia crecían imparables.

[Sweat drippin’ down to the floor / Bite marks like an animal]

- ¿Lo quieres ya?- preguntó entre sus dientes apretados

- Por favor... - susurró ella sin aliento.

- Pásame uno- repuso él señalando con la cabeza hacia la mesita donde había dejado los preservativos.

La chica se estiró, cogió uno desprendiéndolo de su funda y deslizándolo por su pene con habilidad.

- Joder…- mustió él. Que ella le pusiese el condón le resultaba terriblemente erótico, no sabía muy bien por qué. Probablemente porque se estaba muriendo de la anticipación.

Ella lo observó seriamente un momento mientras él se colocaba entre sus piernas alineándose con su entrada. Las últimas veces con Lu no habían sido precisamente placenteras. No la había forzado exactamente, pero sí se había sentido muy presionada para plegarse a sus deseos. El recuerdo le produjo una inesperada presión en el pecho.

- Espera- susurró y cerró los ojos dando por hecho que, una vez llegados a este punto, él fingiría no haberla oído.

Pero eso no ocurrió. Él se retiró, incorporándose sobre ella, y una de sus grandes manos acarició con dulzura su mejilla.

- ¿Estás bien? – dijo preocupado – ¿Paramos?

La ansiedad desapareció por completo y una sonrisa apareció en sus labios. La sensación de controlar la situación era novedosa y muy agradable. No podía creer que pudiese confiar tanto en un absoluto desconocido. Debía de estar loca, quizás ambos lo estaban.

[You might be insane/ But maybe we’re the same]

- Estoy bien- le aseguró ella- Ven aquí.

Él asintió y la penetró lentamente, buscando en su rostro el más mínimo gesto de incomodidad, pero ella suspiró aliviada, la intensa necesidad de sentirse llena al fin satisfecha.

Sus largas piernas envolvieron su cintura y lo urgieron a moverse. Él gruñó y obedeció encantado. La estimulación previa había sido tan intensa que temía que su resistencia fuese insuficiente para hacerla llegar al orgasmo así, pero cuando ella empezó a moverse a su paso y a pedirle cada vez más comprendió que la chica también estaba cerca.

Sin reducir el ritmo él lamió su labio inferior, besándola con avidez, sus lenguas encontrándose una y otra vez potenciando aún más la sensación.

- ¡Oh, querida!- suspiró él al límite de sus fuerzas- Eres demasiado buena.

- No soy “buena”- gruñó ella con una perversa sonrisa en los labios.

- Por supuesto que no- rio él, incorporándose y alzándola con él hasta acabar sentado en el sofá con ella a horcajadas en su regazo.

La chica gimió, el cambio de posición hacía que la base del miembro del chico rozase directamente contra su clítoris. Ella empezó a moverse frenéticamente sobre él persiguiendo su propio placer y arrastrándolo con ella.

Él dejó caer la cabeza contra el respaldo del asiento, dejándose llevar, sintiendo como su orgasmo se construía imparable. Ella empezó a temblar entre sus manos, gimiendo cada vez más alto hasta que su rostro se congeló en un grito silencioso.

Los músculos de su interior se contrjeron alrededor de él desatando su clímax. Con un gruñido animal, apretó esas estrechas caderas entre sus dedos, atrayéndola hacia si mientras la oleada de placer aumentaba y luego remitía poco a poco.

Juntaron sus frentes jadeando satisfechos. Ella se apartó lentamente y se dejó caer en el sofá mientras él se ocupaba de desechar el preservativo.

La chica se frotó los ojos con el dorso de la mano y lo miró soñolienta. Así echada, desnuda, con la melena pelirroja despeinada, como un halo a su alrededor, parecía el retrato de una venus.

- Creo que aún estoy un poco borracha- rio.

- Pues a dormir – dijo él levantándose del sofá y alzándola en vilo entre sus brazos.

- ¡Ooops!- exclamó ella ante lo inesperado del gesto haciéndolo reír a él también – Puedo andar ¿sabes?

- ¿Sí?- repuso él sarcástico- Pues entonces es que no he hecho muy bien mi parte.

Ella chasqueó la lengua y miró hacia otro lado sonrojada, al tiempo que él la depositaba con delicadeza en su cama y se acostaba a su lado.

La chica se volvió hacia él reposando su mejilla en el hueco de su hombro y él la apretó contra su costado en un gesto protector.

- Has hecho tu parte perfectamente- murmuró ella adormilada.

- Gracias, querida- respondió él, también en voz baja, depositando un beso entre sus cabellos de fuego

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Gimme what I want (Plastic Hearts. Miley Cyrus)

 

Chapter Text

La chica se removió en sus brazos despertándose lentamente. Él buscó sus labios para besarla, estaba también medio dormido pero solo sentir ese cuerpo desnudo contra el suyo hacía crecer el deseo de nuevo.

Ella respondió al beso enseguida, murmurando contra sus labios y envolviendo su cintura con una larga pierna. Sus vulva rozó contra su miembro y él pudo sentir la humedad entre sus pliegues. Si empujaba un poco hacia arriba se deslizaría con facilidad en su interior.

- Un momento – susurró él con voz ronca, se estiró hacia la mesilla donde había dejado convenientemente los teléfonos de ambos, una botella de agua y la caja de condones.

Ella parpadeó despertando por completo y se apartó un poco para dejarle espacio para ponérselo. En medio minuto los dos volvían a estar abrazados, él penetrándola con delicadeza y ella ondulando deliciosamente esas estrechas caderas.

- ¿Cómo te llamas? – mustió él entre un beso y el siguiente. Ahora que estaba sobrio parecía importante.

- Tonya Crowley - gruñó ella acariciando su espalda con la mano libre, bajando hasta hundir sus dedos en la tierna carne de sus nalgas.

- Mmmmm… Encantado de conocerte Tonya - dijo él esforzándose en crear una frase coherente - yo soy Azirafel, Zira si lo prefieres.

- Un placer - ronroneó ella divertida por su propio juego de palabras y haciéndolo reír a el también.

Azirafel cambió de posición, haciéndola girar hasta quedar sobre ella y alcanzando más profundidad. Esta vez no había prisa, no existía una urgencia desbocada entre los dos, solo el rítmico roce de sus cuerpos y el placer construyéndose lentamente. Él varió un poco el ángulo buscando estimular esas zonas más sensibles.

- Ah… sí… ahí – gimió ella y él sonrió orgulloso.- ¿Haces mucho esto? – preguntó Tonya con una media sonrisa - ¿Ligar con gente desconocida y dejarles dormir en tu piso?

- Bueno, suelo tener un par de citas primero – bromeó él- ¿Y tú?

- No… ohh… nunca había hecho nada parecido – respondió ella arqueándose bajo él cada vez más cerca del clímax.

Un móvil empezó a vibrar en la mesilla provocando un desagradable sonido contra la madera.

- Debe ser el tuyo – dijo él sin dejar de moverse, acariciando sus pequeños pechos y pellizcando un pezón entre sus dedos – el mío está apagado.

Tonya jadeó y gruñó incapaz de concentrarse con el persistente zumbido.

- Aarrg, me cago en todo- exclamó enfadada y se estiró para coger el teléfono.

Zira la miró algo molesto, pensando que iba a contestar, pero en vez de eso ella lanzó el aparato al otro extremo de la habitación y volvió a asir sus nalgas clavándole las uñas en la piel y gimiendo con abandono.

Él dejó escapar una carcajada.

- Estás como una cabra – le dijo el chico besando su cuello y succionando la suave piel.

- Concéntrate ¿quieres? – lo reprendió ella.

- Por supuesto, querida – dijo él incorporándose un poco, alzándola por las caderas y metiendo la almohada bajo el hueco de su espalda.

Tonya hizo un sonido de sorpresa al verse manipulada de forma tan poco ceremoniosa, pero se relajó enseguida perdida en el placer. En esa posición la penetración seguía siendo profunda y él tenía más fácil acceso al sensible clítoris de ella, inflamado entre sus labios.

- Ohhh… joder – gimió ella cuando Zira empezó a estimularlo en rápidos círculos con su pulgar.

Anoche no había pensado en ello, pero ahora la sorprendía cómo él parecía saber de forma instintiva lo que necesitaba en cada momento. Cuando tocarla, como besarla y donde asir sus fuertes manos.

Las caderas de Azirafel empezaron a empujar en movimientos más breves y erráticos.

- Ah… ahh…Tonya - gritó él al tiempo que alcanzaba su orgasmo, incapaz de contenerse ni un momento más.

Aún recuperando el aliento y manteniendo su miembro en su interior continuó masturbándola, aumentando la velocidad según ella elevaba el tono de sus gemidos, hasta que la joven se arqueó en la cama, temblando en la cúspide del clímax.

Cayeron uno junto al otro en un lio de sábanas, deliciosamente ahogados endorfinas. Reposaron un rato en la cama deshecha, en silencio, perdidos en sus propios pensamientos.

Tonya volvía lentamente a la realidad y las reticencias hacia todo aquel enredo empezaban a crecer imposibles de ignorar.

- Debería irme- mustió ella tratando de ocultar la tristeza que le producía la idea.

- ¿Uhm? – preguntó él confuso, volviendo al presente.

- Seguro que tienes cosas que hacer – repuso con más seguridad – Debería marcharme.

- ¿Sin desayunar? – protestó Zira escandalizado – Por encima de mi cadáver.

Se levantó rebuscando unos pantalones cortos y una camiseta en el armario.

El estudio era un único espacio. El salón y la cocina ocupaban la parte frontal mientras que la cama estaba colocada contra la pared del fondo, al lado de la puerta que daba al cuarto de baño. Bajo la ventana se encontraba una mesa cubierta de materiales y herramientas curiosas.

- No tienes que hacerme el desayuno- dijo Tonya desconcertada al verlo desaparecer tras la encimera de la cocina y empezar a sacar cosas de las alacenas.

- Ah-ah – la acallo él - eres mi invitada y yo, querida, aún tengo estándares.

***

La chica masticaba su desayuno sin apartar sus ojos ambarinos de Azirafel. Era el tío más raro que había conocido jamás. Había tenido encontronazos con niños pijos otras veces y siempre la habían tratado con desprecio o, en el mejor de los casos, con condescendencia.

Zira era cursi, pedante, cínico y totalmente transparente. En él la inocencia no estaba reñida con la conexión con la realidad y su petulancia natural se compensaba con unos modales impecables. Era como ver un puto unicornio.

- ¿Te gustan los crepes? – preguntó el chico desconcertado por el prolongado silencio.

- ¿Esto son crepes? ¿En que universo? – respondió ella con una mueca.

- Puedo prepara otra cosa…

- Están de muerte, Zira, pero son tortitas.

Él rio aliviado. Sus habilidades culinarias nunca habían sido nada del otro mundo.

- Deberías probar las que hacen en París ¿Has estado en Francia alguna vez?

- Pff… no – repuso ella riendo ante lo absurdo de la pregunta - Lo más lejos que he estado de Londres ha sido Oxfordshire.

- ¿No te gusta viajar?

- Te lo diré cuando tenga pasta que gastar en esas mierdas.

Azirafel se quedó un rato en silencio, comprendiendo la situación en la que se encontraba ella. A él nunca le había faltado de nada y lo entristecía pensar en lo mal repartido que estaba el mundo.

- No me mires así – lo reprendió ella – Ni que viviese debajo de un puente. Tengo un trabajo y soy perfectamente capaz de mantenerme a mi misma.

- Lo siento querida, no pretendía ofenderte – se disculpó Azirafel contrito.

Ella se encogió de hombros y le dio un sorbo a su café.

- ¿Y tu? Deja que adivine… ¿colegio privado, universidad cara y estudios de derecho?

- Economía – corrigió él – Apasionante – añadió con sarcasmo poniendo los ojos en blanco.

- ¿Y por que no haces otra cosa? Tú puedes hacer lo que te de la gana.

Azirafel compuso una expresión extraña y desvió la mirada.

- Me temo que es más complicado que todo eso - suspiró el chico dejando su plato vacío sobre la mesita de café – No quiero aburrirte con mis tonterías.

Tonya entendió que significaba “no quiero hablar de ello”. Ella recogió lo platos vacíos e insistió en lavarlos, ya que él había cocinado.

Azirafel se sentó al otro lado de la encimera, en uno de los taburetes que la rodeaban.

- Tonya…- empezó inseguro, y ella lo miró extrañada – Me gustaría… querría volver a verte.

- ¿Cómo hoy te refieres?- preguntó ella suspicaz.

- ¡No! Bueno, a no ser que tu quieras, pero yo estaba pensando en quedar, tomar un café o algo así.

- Como amigos- dijo ella y él entendió enseguida que estaba poniendo sus condiciones.

- Sí, si, claro. Como amigos- aceptó Azirafel ocultando su decepción. Había notado una conexión increíble con ella y un torbellino de emociones palpitaba en su pecho, pero si ella no deseaba una cita él no pensaba apresurar las cosas.

 ***

- Mierda- exclamó la chica mientras recogía sus cosas.

- ¿Va todo bien?- preguntó Azirafel asomándose por la puerta del cuarto de baño.

- Me he cargado la pantalla del móvil – dijo ella con fastidio- tendré que cambiarla… Me temo que estaré incomunicada unos días.

Se mordió el labio preocupada. Realmente le apetecía volver a ver a Azirafel y no quería esperar a que le arreglasen el teléfono para volver a hablar con él.

Él salió del baño con una toalla rodeando su cintura y Tonya se sorprendió al sentir cuanto le gustaban esas formas suaves que tan bien encajaban con los rasgos de personalidad que él le había mostrado.

Él le apartó un rizo pelirrojo de la cara.

- ¿Que te parece si te pasas por aquí cuando tengas un rato? – propuso el chico- No suelo salir mucho por semana y, menos los miércoles que tengo clases, acostumbro a estar aquí por las tardes.

- Está bien. Pero sólo si prometes echarme si vengo en mal momento.

- No te preocupes. Haré salir a mis amantes por la escalera de incendios – bromeó el chico.

Tonya rio y avanzó hacia la puerta buscando alguna excusa para quedarse un poco más.

- Bueno… Supongo que me toca el paseo de la vergüenza – dijo ella súbitamente incómoda.

Azirafel se inclinó hacia ella y la besó en la mejilla.

- Pensé que habíamos acordado que aquí no existía la vergüenza.

***

Era martes cuando el sonido del timbre sobresaltó a Azirafel, que justo en ese momento se encontraba inclinado sobre un volumen antiguo con una curiosa mancha en una de sus páginas interiores.

Dejó lo que estaba haciendo y se asomó a la ventana. Tonya le sonrió desde la calle apoyada contra una motocicleta negra y plateada.

Entonces su teléfono vibró en el escritorio, el nombre de Remiel parpadeando en la pantalla. Llevaba un par de días llamando sin parar y Azirafel empezaba a enfadarse. Silenció el aparato y salió de su piso para reunirse con Tonya sin poder evitar que una gran sonrisa se adueñase de su rostro.

- ¿Vengo en mal momento? – preguntó ella sin parecer demasiado preocupada al respecto.

Si la otra noche Tonya era todo lycra hoy era casi todo cuero. La chaqueta, los guantes y las botas con estampado de serpiente. Las mallas se ajustaban tanto a sus formas que parecían pintadas sobre su piel.

- En absoluto – respondió sin poder dejar de mirarla - ¿A dónde quieres ir?

- A donde te apetezca – dijo ella tendiéndole un casco extra.

- Estás loca si crees que me voy a subir a esa cosa- repuso él lanzándole el casco de vuelta.

- Venga ya, no seas nenaza- lo reprendió.

- ¿Tienes idea de la tasa de mortalidad en accidentes de motocicleta…?- empezó él, pero ella lo cortó enseguida.

- Está bien, caminaremos. Palmarla en un accidente de moto es una posibilidad, pero si sigues dándome la brasa moriré de puro tedio. – dijo Tonya echando a andar. Azirafel puso los ojos en blanco y la siguió.

Caminaron uno junto a la otra charlando de banalidades. Tonya había temido que se sintiesen cohibidos después de lo que había pasado la otra noche, pero Azirafel no parecía incómodo en absoluto.

- Oye ¿de que va eso de los libros? – preguntó ella curiosa.

- Restauro volúmenes antiguos, primeras ediciones, colecciones heredadas, fondos documentales de algunas bibliotecas… ese tipo de cosas.

- ¿Cómo acaba uno dedicándose a eso?

- Es una especie de… negocio familiar. Una pasión compartida.

- ¿Tus padres se dedican a eso también?

- Oh, no, que va. Mi tío era el raro de la familia, y ahora supongo que lo soy yo.

Se quedaron en silencio un momento.

- ¿A ti te gusta tu trabajo?- preguntó él finalmente.

- ¿Vender electrodomésticos? Me encanta, sobre todo la nómina mensual – respondió sarcástica

- ¿Qué harías si pudiese dedicarte a cualquier cosa? - insistió Azirafel, genuinamente interesado.

- Es una estupidez, te reirás de mi.

- Jamás se me ocurriría – repuso él ofendido.

Ella dudó un momento. Era una chorrada, hacía años que no pensaba en ello realmente, pero ahora que su vida había cambiado tanto quizás quedase un huequito para un sueño estúpido.

- En el instituto me concedieron una beca para estudiar música, pero luego todo se torció y nunca pude…- Tonya calló. Los recuerdos aún eran dolorosos.

Miró a su alrededor buscando algo, lo que fuese para desviar la conversación por otros derroteros.

- ¿Quieres tomar algo?- dijo señalando una cafetería que acababan de pasar de largo.

- Sí, claro – respondió él un poco confuso por el brusco cambio de tema.

Azirafel abrió la puerta y la sostuvo para ella.

- Después de ti. – dijo tratando de ser cortés.

- Tengo manos ¿sabes? – lo reprendió ella entre irritada y divertida. El potente rubor que se extendió por las mejillas del chico valió totalmente la pena.

Sorbieron sus bebidas entre risas, compartiendo anécdotas y curiosidades. Un par de horas después Tonya se embarcaba en una rocambolesca historia sobre como ella y su amiga Bel habían conseguido robar toda una colección de discos de unos grandes almacenes antes de que las pillaran.

Zira reía entre incrédulo y escandalizado.

- No te compro una palabra de toda esa historia- dijo él finalmente entre risas – Eres una mentirosa.

Tonya se encogió de hombros y se escurrió en la silla haciendo gala de una increíble flexibilidad.

- Nunca lo sabrás seguro- dijo con una sonrisa retorcida.

- Da muy mal karma engañar a chicos inocentes.

- ¡JA! – rio ella- Inocente dice. No me importan una mierda esas cosas, “angelito”, hago lo que me da la gana.

Los ojos de la chica brillaban con malicia, pero alguien que entraba en el bar llamó su atención.

- Mierda – mustió. Se levantó y tiró de Azirafel obligándolo a ir hacia la puerta trasera.

- ¿Qué ocurre?- preguntó él alarmado.

- Muévete- ordenó ella empujándolo.

Salieron al callejón y la chica tiró de él unos metros hasta que Zira se paró en seco molesto.

- ¿Podrías explicarme lo que acaba de pasar?

Tonya se frotó la cara con las manos y gruñó frustrada.

- La chicas que entraron son amigas mías. No quiero que me vean contigo.

La expresión de Azirafel se endureció súbitamente.

- Ah, vale. Gracias por la parte que me toca.

- Nooo, no es eso. Tu… tu no lo entenderías- dijo ella apoyándose en el muro de la estrecha calle.

- Ponme a prueba – la retó él

Ella suspiró y pareció claudicar.

- El sábado me encontraste sola en ese antro porque esas tías me tendieron una emboscada para tratar de hacerme volver con mi ex. Si me ven con otro tío se me tirarán al cuello como hienas.

- No parecen muy buenas amigas- repuso él con seriedad.

Tonya chasqueó la lengua molesta.

- Están convencidas de que es lo mejor para mi… ¡Y yo que coño se! Quizás tengan razón, quizás no hay nada más para alguien como yo.- exclamó dolida.

A Azirafel se le encogió el corazón. ¿Cómo podía pensar eso una criatura tan maravillosa? Se acercó a ella y la rodeó con un brazo.

- Querida, eres divertida, inteligente y preciosa. Créeme cuando te digo que puedes tener cualquier cosa que desees.

Cualquier cosa que desease…, pensó ella para si, eso era fácil.

En un instante Tonya lo atrajo hacia si y lo besó sin comedirse, introduciendo su lengua en la boca de él, deleitándose en la húmeda presión de sus labios contra los propios.

Él gruñó en el beso y se separó jadeante.

- Pensé que íbamos a ser amigos- murmuró desconcertado

- Es lo que somos- le susurró ella con una sonrisa- Me caes muy bien Zira – añadió apretándose contra él.

Azirafel rozó sus labios contra los de ella como si de una caricia se tratase.

- No suelo hacer esto con mis amigos…- repuso sin poder reprimir una sonrisa.

- Bueno… hay muchos tipos de amigos- dijo Tonya deslizando una mano entre ambos para acariciar el creciente bulto en los pantalones del otro.

Azirafel aspiró entre sus dientes apretados

- ¿Vamos a mi casa?- preguntó terriblemente excitado.

- Nop- repuso ella traviesa

- ¿Qué? ¿Aquí? - dijo miró a un lado y al otro del descuidado callejón para comprobar que estaban solos.

Tonya asintió. Sus ojos dorados no abandonaban nunca los grises de Zira y no se perdió el destello salvaje que cruzó por ellos cuando él comprendió lo que le estaba pidiendo.

Era sorprendente como ese joven retraído y obsesivo se convertía en otra cosa. A Tonya le encantaba verlo perder el control o quizás tomarlo. No era exactamente que cediera a un instinto salvaje o violento, Zira no, simplemente se dejaba llevar, y su pasión siempre recorría caminos placenteros.

Las fuertes manos del chico se asieron a la parte trasera de sus muslos y se vio alzada contra la pared. Ella rodeo su cintura con sus piernas y dejó que su miembro rozase contra su vulva a través de la tela.

Él la besó de nuevo, esta vez con todo lo que tenía y continuó moviéndose en cortos empujones que los estimulaban a ambos. Pronto fue insuficiente. La puso de pie de nuevo y deslizó una mano bajo la tela elástica de sus mallas para encontrar sus pliegues sensibles y húmedos. La masturbó unos minutos con sus dedos, acariciando su clítoris e introduciendo dos dedos entre sus labios con pasmosa facilidad.

El lugar y la ropa no dejaban muchas opciones así que ella se bajó las mallas hasta la mitad del muslo y se dio la vuelta. Zira se apresuró con el preservativo y se alineó con su entrada sintiendo el calor y la humedad a través de la fina barrera de látex.

Tonya no emitió ningún sonido cuando él la penetró, pero pudo sentir como se ajustaba a su alrededor, apretándolo en la estrecha cavidad y haciendo que todo lo que no fuese ella, su melena pelirroja, la elegante curva de su espalda, las estrechas caderas ante él, desapareciese y perdiese significado.

- Más- mustió ella con voz grave y él comenzó a moverse, retirándose casi por completo antes de volver a hundirse en su interior una y otra vez.

Azirafel hizo un esfuerzo por no gemir, el callejón en penumbra hacía reverberar el sonido, pero ella siempre conseguía despertar algo en él difícil de controlar. Su orgasmo se construía con rapidez, no estaban en un sitio donde pudiesen recrearse en el placer y hacerlo durar, aún así acarició su espalda bajo la tela de la camiseta y hundió su otra mano entre los sedosos rizos sólo por sentirlos entre sus dedos.

La chica se estimuló a si misma mientras él continuaba con unos movimientos cada vez más frenéticos. Cuando ella alcanzó su orgasmo las contracciones de su interior desataron el de él enseguida.

Jadeando y tratando de no hacer ruido se arreglaron lo mejor que pudieron y volvieron a la calle principal

***

Azirafel dejó que el agua empapase sus cabellos y recorriese su cuerpo limpiándolo del sudor de la jornada. Habían pasado tres días sin señales de Tonya. Él le había dado su número, pero si volvía a tener el móvil operativo, no se había dignado a llamar.

Respiró hondo incapaz de desterrar de sus pensamientos lo ocurrido días atrás.

Había tenido sexo con Tonya allí mismo, en su piso, cualitativamente mejor que un magreo en un callejón, pero era esto último lo que lo asaltaba en los momentos más inesperados.

Sintió el cosquilleo en el interior de sus muslos y la característica sensación en el pubis que anticipaba una erección.

Respiró hondo tratando de tranquilizarse. No tenía sentido seguir dándole vueltas. Ella acababa de salir de una relación y no quería otra con él. No quería venir a su piso y pasar la tarde viendo películas y comiendo palomitas. Quería una aventura. Un desconocido en una discoteca, un polvo rápido en un callejón.

Se masturbó lentamente, tratando de aliviar la tensión sin mucho éxito. Salía de la ducha con la intención de ponerse más cómodo, quizás en la cama o en el sofá, cuando su teléfono empezó a vibrar en la mesilla.

El nombre de Remiel parpadeó en la pantalla y Azirafel no pudo evitar el pinchazo de decepción. Se volvió para ignorarlo, como llevaba haciendo los últimos días, pero el bulto bajo la toalla tenía otros planes.

Remi era alto, rubio y atlético, con unos ojos castaños impactantes. Parecidos de alguna manera a otros color ámbar que lo perseguían últimamente.

A Zira nunca le habían negado nada. Él nunca se había negado nada. ¿Por qué iba a empezar ahora? Descolgó el teléfono.

- Hola, querido- contestó con su voz más seductora.

- Zira, hola- respondió el otro sorprendido – te he estado llamando…

- Me temo que he estado ocupado.

- Ah, ya… tus libritos – dijo Remiel con soniquete

Azirafel apretó los dientes y luchó contra el impulso de colgar, pero justo se sentó en el sofá y el recuerdo de Tonya moviéndose sobre él, temblando en su orgasmo, lo golpeó con una fuerza casi dolorosa.

- Si, exacto- dijo él tratando de controlar su agitada respiración – Pero estoy libre ahora.

- Ah… bueno – dijo el otro iniciando un incómodo silencio. ¿Cómo podía ser tan espeso?

- Remiel, estoy en mi piso solo, aburrido y caliente – lo oyó coger aire al otro lado de la línea y supo que había mordido el cebo – si estás aquí en menos de quince minutos quizás puedas ponerle remedio.

- Lo cierto es que tenía intención de invitarte a cenar primero…

- Pues mira que suerte, te has ahorrado una cena – repuso exasperado

- Si, eso parece – Lo oyó reír satisfecho de si mismo

- El tiempo corre, querido, trece minutos – dijo él ansioso por apresurar las cosas

Remiel soltó una palabrota y colgó abruptamente.

Azirafel sabía que estaba corriendo hacia el metro con lo puesto. En cuanto llegase lo desnudaría y lo besaría con urgencia. Luego lo pondría a cuatro patas sobre su cama y buscaría el placer en su cuerpo, hundiendo los dedos entre los cabellos rubios, imaginando que eran largos rizos pelirrojos.

Por un momento se sintió mal consigo mismo. Dicen que da mal karma jugar así con los corazones de otros, pero él siempre había sido de los que toman sin dar nada a cambio.

Oyó abrirse la puerta de su portal y sonrió para si. Mejor hacerlo sin más y ya pensaría en ello más tarde

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Bad Karma (Plastic Hearts. Miley Cyrus)

Chapter Text

Tonya le dio gas a la moto cogiendo velocidad por las carreteras secundarias de las afueras. La había cagado pero bien. Le había cogido el teléfono a Lu. No había sido amable, no había cedido ni un milímetro en su posición, pero daba igual. Lo único que él necesitaba era meterse en su cabeza. Su voz era como un virus que invadía e infectaba cada uno de sus pensamientos.

Aceleró aún más y trató de no pensar mientras la luz del sol se alzaba lentamente en el horizonte, pero la conversación se repetía una y otra vez tal como había hecho toda la noche.

“ Yo soy el único que te ha mantenido a salvo. Sin mi te devorarán ahí fuera. Si te llamo es porque me preocupas, no porque crea que no vas a volver a mi. Se que volverás arrastrándose, solo quiero ahorrarte sufrimiento Tonya... ¿Así es como me lo pagas? ¿Después de lo que he hecho por ti? No eras nada cuando te encontré, ¿de verdad crees que vas a poder ser algo sin mi?”

La rueda trasera patinó en el asfalto húmedo de rocío descontrolando la dirección. Ella consiguió mantener firme la moto y parar en el arcén, pero su corazón latía desbocado, resonando en sus oídos.

Se sentó en el suelo temblando, se quitó el casco y luchó por reprimir un sollozo. Se negaba a derramar una lágrima más por semejante capullo.

Sacó su teléfono y abrió la conversación con Azirafel. Se sentía tan culpable por haber cedido al impulso de hablar con Lu que no había tenido el valor de escribirle.

Amplió el pequeño icono que acompañaba el chat y se sintió mejor al poder ver esos ojos grises y el perfil de esa nariz tan característica. Sonrió y escribió un anodino “Hey, ¿que te cuentas?”. No esperaba respuesta, al fin y al cabo eran las seis de la mañana de un sábado, pero entonces el aparato vibró.

***

Azirafel estaba despierto cuestionando sus decisiones vitales.

Remiel roncaba a su lado. No había tenido la desvergüenza de pedirle que se fuese en mitad de la noche, pero quizás debería haberlo echo. Cuanto más tiempo pasase en su casa más difícil sería mantener esto como algo casual.

Su teléfono se iluminó en la mesilla y él lo observó extrañado. Abrió la aplicación y vio un mensaje de un número que no estaba entre sus contactos. De pronto reconoció la moto que aparecía en el pequeño icono y el corazón le dio un vuelco.

- ¡Hola! ¿Qué haces levantada a estas horas?

- Yo podría preguntarte lo mismo – escribió ella con una carita guiñando un ojo.

- No podía dormir – respondió él omitiendo que la razón de sus desvelos era un tipo dormido en su cama.

- Yo tampoco. Estoy por ahí con la moto.

- ¿Y eso? ¿Ha pasado algo malo?

- Nah – mintió ella- sólo necesitaba despejarme. Hoy tengo el día libre así que puedo permitirme quemar un poco de rueda.

- Quizás yo pueda ofrecerte algún plan para esta tarde – escribió Zira tanteando el terreno.

- ¿Cómo que? – preguntó curiosa.

- Digamos que es una sorpresa – respondió ganando tiempo. Le envió una ubicación y siguió escribiendo - ¿Aquí a las cuatro y media?

- No se por qué me fío de ti, pero allí estaré- dijo ella añadiendo una carita pensativa y otra sonriente.

Azirafel cerró la aplicación y se giró hacia su invitado pensando en como mandarlo a su casa sin ser demasiado maleducado.

***

Tonya salió del metro quince minutos antes de la hora acordada y buscó lugar que Zira le había indicado.

Él ya estaba allí, en una esquina concurrida del SoHo ante un local cerrado. Las ventanas estaban cegadas con papel de periódico y sobre la puerta colgaba un anticuado letrero con la inscripción A. Z. Fell & Co.

- Deja que lo adivine – dijo ella llamando su atención - ¿Tiene algo que ver con tu tío el loco de los libros?

Azirafel sonrió encantado de verla. Era increíble como esa expresión iluminaba su rostro y todos sus alrededores como un aura angelical.

- Así es. Esta librería lleva en mi familia desde hace generaciones, desde que éramos los Fell. – dijo con una nota de orgullo en la voz.

- ¿Vamos a entrar?

- No tengo las llaves. Mi madre se niega a dejarme abrirla. La última vez que discutimos al respecto amenazó con venderla.

- ¿Qué sentido tiene? Será tuya en algún momento ¿no?

Azirafel negó con la cabeza.

- Solo si acepto ocuparme de los negocios de la familia. Por eso lo de los estudios de economía. O todo o nada.

- ¿Tan malo sería eso? Solo es un trabajo al fin y al cabo- razonó ella pragmática - Podrías ocuparte de esto en tu tiempo libre.

- Ese es el problema. Podría contar las horas que he pasado con mi madre en toda mi vida. Su trabajo le costó dos divorcios y perderse la infancia de su único hijo. Esa vida es absorbente y yo no quiero nada de eso.

Se instaló un curioso silencio entre ellos, la expresión de Azirafel era de profunda tristeza mientras su mirada azul recorría la fachada del edificio. Tonya se acercó a él y deslizó una mano en la suya.

- Zira… ¿por qué me has traído aquí?

- Voy a dejar la carrera y mi madre va a venderla – le apretó la mano con dulzura – quería compartirlo con alguien.

- Lo siento mucho, de verdad.

El chico se enderezó y compuso un gesto de resignación.

- Es lo que hay… Pero bueno, no hay momento como el presente, así que vamos a pasárnoslo bien – dijo echándose a andar y haciendo un gesto a Tonya para que lo siguiese.

- ¿Cuál es la próxima parada?

- La casa de mi amiga Uriel. Parece ser que está montando una fiesta de primera.

Bajaron al metro y ocuparon un vagón casi vacío. Tonya estaba extrañamente callada. Frunció el ceño y miró a Zira pensativa.

- Oye, ¿Por qué no la compras tú? – dijo rompiendo el silencio.

- ¿Disculpa?

- La librería. ¿Tienes dinero propio?

- Si, algo.- dijo él dudando brevemente sobre comentar el estado de sus finanzas con ella - Un poco que me dejaron mis abuelos, el fideicomiso de mi padre y lo que saco de los libros. Pero esa no es la cuestión. No importa el dinero, mi madre nunca dejará que la tenga.

- Venga ya, no me digas que no hay formas de hacerse con una propiedad sin que el vendedor sepa quien la compra.

Ahora fue el turno de Azirafel para mirarla fijamente. ¿Podría ser que la solución a sus problemas fuese que su madre pusiese a la venta su querida librería? Era una maniobra arriesgada, pero ya no tenía nada que perder.

- ¿Cómo eres tan lista? – preguntó él parpadeando lentamente.

Tonya se encogió de hombros.

- Era la única forma de sobrevivir en el sitio de donde vengo.

Zira se levantó al ver que se aproximaba su parada.

- ¿Quieres hablar de ello? – preguntó mientras bajaban al andén.

- No – dijo ella con naturalidad – Quiero pasármelo bien.

***

Cuando llegaron la casa de Uriel ya estaba llena de gente. La mayor parte estaba en la zona de la piscina aprovechando el inesperado día de calor.

Tonya se sintió cohibida al momento. Nunca había estado en una casa como aquella. Todo era blanquísimo y diáfano. El salón tenía una enorme cristalera abierta que daba al exterior. Todo parecía sacado de una revista, hasta la gente. De pronto fue plenamente consciente de sus vaqueros rotos, sus botas viejas y su chaqueta de cuero falso.

- ¡Azirafel! ¡Menuda sorpresa!- exclamó una chica desde el otro lado de la enorme sala. Tenía la piel oscura y el pelo corto y rizado. Saludo a Zira con un beso en la mejilla y miró a Tonya con ojo crítico.

- Uriel, esta es mi amiga Tonya – la presentó él.

- Oh, vaya. Hoy es el día de las sorpresas. Estás en tu casa, querida – le dijo Uriel con una sonrisa de cortesía.

- Gracias, perdona por las pintas. No sabía que clase de fiesta era.

- Este nunca se entera de nada – dijo mirando ceñuda al chico - pero no te preocupes, tenemos muchos bañadores de sobra. Zira sabe donde están, siempre se olvida el suyo.

Uriel los dejó para saludar a otros invitados y Tonya aprovechó para fulminar con la mirada a Azirafel.

- ¿Cómo se te ocurre traerme aquí sin avisar? Creí que veníamos a beber cerveza en el sofá de un piso de estudiantes, no a la fiesta de presentación del puto Voge. – susurró ella enfadada.

- No seas exagerada. Estás muy guapa, como siempre.

Tonya se ruborizó pero ignoró el comentario.

- No pego ni con cola – dijo mirando a su alrededor y comprobando que la tónica predominante abarcaba carísimos bikinis y telas blancas y vaporosas.

- No pensé que te importasen esas cosas – bromeó él ganándose una mirada asesina – pero si te sientes mas cómoda ponte un bañador y nadie sabrá de donde has salido.

Ella mantuvo sus ojos dorados fijos en él como si le deseara la peor de las muertes.

- Podemos marcharnos cuando quieras – dijo Zira ahora totalmente en serio.

- No, está bien, me pondré el estupido bikini prestado. Me muero de calor.

***

Azirafel se puso sus bermudas habituales y se dejó la camiseta puesta. La excusa oficial era que se quemaba con facilidad, pero realmente ver a tíos como Gabriel luciendo músculos y paseándose con esos bañadores diminutos que no dejaban nada a la imaginación lo hacía sentirse cohibido.

Tonya salió de la casita de la piscina con un bikini de rayas blancas y azul marinas y él no pudo evitar sonreír, pero enseguida frunció el ceño al ver las miradas que otros invitados le dirigían a su amiga. No se consideraba especialmente celoso, pero en cuanto Gabriel se acercó a ella pavoneándose se obligó a si mismo a reprimir el impulso de hacerle un placaje.

Se levantó de la tumbona y se acercó a ellos. Gabriel intentaba entablar conversación obviando el gesto de estupefacción de la chica.

- ¡Gabriel! Veo que ya conoces a mi amiga Tonya- dijo Azirafel optando por una aproximación menos violenta.

- ¡Oh Azirafel!- exclamó Gabriel sorprendido- ¿Así que este bombón viene contigo? Que bien que no supones competencia- rio fingiendo golpear su vientre en lo que se suponía que era un puñetazo amistoso.

Ella lo miró con una ceja levantada tratando de figurarse de qué coño iba ese imbécil, pero Gabriel no se dio por aludido y trató de volver a atraer su atención.

– ¿Que te parece si te traigo una copa, ricura? – continuó tocándole el brazo.

Tonya le golpeó en la mano antes de que llegase a tocarla realmente – Preferiría beberme el agua de la piscina – respondió con el mismo tono que había utilizado para sacarle los colores a Azirafel la primera vez que se vieron.

Miro a Zira con una sonrisa maligna y le tendió un bote de protector solar- ¿Me echas crema? – dijo ella ignorando a Gabriel y yendo hacia la tumbona, dejándolo con un palmo de narices.

Azirafel se encogió de hombros a medio camino entre una disculpa y alarde y la siguió.

Unto de crema solar esa piel cuajada de pecas e ignoró las miradas de sus conocidos. Michelle parecía enfadada y Sandalfón era la viva imagen de la envidia. Él trató de no parecer demasiado satisfecho.

Tonya pareció relajarse lentamente, más segura de si misma al ver que el ambiente era menos hostil hacia ella de lo que había imaginado. La chica del pelo raro, Michelle, había sido amable con ella, pero no dejaba de mirar a Azirafel con una curiosa expresión.

Él le respondió con evasivas cuando le preguntó al respecto, quizás fuese algún mal rollo entre amigos, pero le daba la impresión de que ella estaba involucrada de alguna manera.

***

Azirafel se vio acorralado volviendo del baño. Uriel y Michelle le habían preparado una de sus ya tradicionales emboscadas.

- ¿Qué coño crees que estás haciendo?- le espetó Michelle

- No se de que me hablas, querida.

- No vayas de listo conmigo Zira, he hablado con Remiel esta mañana.

Mierda

- Y que – respondió a la defensiva- Ya os dije que no iba en serio con él.

- ¿Y con Tonya? ¿Tampoco vas en serio?- añadió Uriel sarcástica.

- Eso no es de tu incumbencia – atajó él empezando a enfadarse.

- Lo es desde el momento en el que se te ocurre meter en mi casa a alguien como ella.

Michelle miró a su amiga desconcertada. Se suponía que iban a reñirle por jugar a dos bandas.

- ¿Qué quieres decir con eso?- preguntó Azirafel fríamente.

- Oh, vamos. Ni siquiera tú puedes ser tan inocente. Mírate tú y mírala a ella ¿Realmente crees que le gustas? Está claro que tiene otros motivos.

Azirafel la observó de hito en hito, horrorizado.

- ¡Uriel! No sabemos…- murmuró Michelle incómoda.

- ¡Michelle, por favor! – la reprendió su amiga – Conoces a ese tipo de tías tan bien como yo. ¿No veis por lo que va? Sabe quien eres, Zira, sabe que tu familia está forrada y quiere una parte del pastel.

- ¿Y tú que sabes, Uriel? No la conoces, no siquiera te has molestado en hablar con ella. ¡Te ciegan tus estúpidos prejuicios!- gritó él, su tono de voz cada vez más alto - ¡Tonya es, de lejos, mejor persona que esta gente a la que llamas amigos, que te mirarán por encima del hombro en el momento en que las cosas se te tuerzan un poco! – la chica retrocedió un paso impresionada, nunca había visto a Azirafel enfadado- ¡No pienso permitir que la insultes en mi presencia, así que mide tu palabras!

El sonido de un vaso al caer atrajo la atención de Azirafel y se le encogió el corazón cuando vio desaparecer una melena pelirroja en el interior de la casa. Fulminó a Uriel como la mirada y fue tras ella.

Recorrió media casa antes de encontrarla. ¿Quién diablos necesitaba tantas habitaciones?. Al final la vio en la sala, sentada ante un piano tan blanco como el resto del mobiliario.

Sus largos dedos acariciaron las teclas sin producir ningún sonido y Azirafel se acercó lentamente, sin saber cuanto de la conversación habría oído.

- Querida… - dijo en un murmullo - ¿Estás bien?

Ella se volvió y le dedicó una triste sonrisa.

- Claro que sí. No creas que no vi su mirada en cuanto entré por la puerta. Se como me ven, no soy tonta.

- Siento que hayas tenido que escuchar esas cosas. Normalmente Uriel no es…

- ¿Crees que me importa? Me importa una mierda lo que esa niña pija diga de mi- dijo dándole la espalda y haciendo sonar un par de acordes en las teclas blancas y negras.

Azirafel se sentó a su lado en el banquito buscando algún gesto que explicase su reacción. Si realmente de daba igual ¿Por qué había salido corriendo?

- Me importa lo que tú digas de mi- susurró al final encadenado sonidos en el instrumento que empezaban a componer una melodía.

Él contuvo el aliento. Tonya era una sorpresa constante, las yemas de sus dedos acariciaban las teclas con un movimiento repetido miles de veces recreando una canción conocida. No era exactamente del gusto de Azirafel, pero le sonaba de oírla por ahí.

Conforme avanzaba en la primera estrofa el sonido iba volviéndose más seguro y su voz murmuraba las palabras que acompañaban a las notas, su atención se enfocaba en la música y todo lo demás dejaba de ser importante.

Zira reconoció los signos. Era el mismo estado en el que él entraba cuando se sumergía por completo en una restauración.

Al llegar al puente de la canción Tonya empezó a cantar. Su voz no era clara ni exactamente melodiosa, pero la entonación era perfecta y las emociones que transmitía aceleraban el pulso.

Frightened by my own reflection

Desperate for a new connection

Pull you in, but don’t you get too close”

Ella lo miró de reojo, como para asegurarse de que él entendía lo que estaba pasando. Que comprendiese que esas palabras prestadas eran para él, que esa era toda la explicación que podía ofrecerle, al menos por el momento.

Love me now, but not tomorrow

Fill me up, but leave me hollow

Pull me in, but don’t you get too close”

Azirafel miró hacia atrás y vio que algunos invitados observaban desde la puerta. La voz de Uriel llegó desde el medio del grupo.

- Vaya, no creo que ese piano se haya usado nunca – dijo intentando destacar la anomalía que era esa chica en aquel lugar.

Tonya sonrió con malicia y le guiñó un ojo a Azirafel.

- Ya me parecía – dijo sin dejar de tocar- Por eso suena a mierda.

Su voz resonó potente en la sala. Ahora ya no cantaba para Zira sino que lo hacía para su público. Cuando llegó al estribillo algunos aplaudieron y corearon.

I’ve been California dreamin’

Plastic hearts are bleedin’

Keep me up all night

Keep me up all night

Lost in black hole conversation

Sunrise suffocation

Keep me up all night

Keep me up all night

I just wanna feel

I just wanna feel somethin’

But I keep feeling nothin’ all night long”

***

No podían seguir así. Cada vez que se encontraban acababan del mismo modo, envueltos en uno en el otro, incapaces de quitarse las manos de encima. Alguno de los dos iba a acabar haciéndose daño.

Cuando ella acabó de tocar los aplausos inundaron la habitación y al negarse a tocar otra alguien puso música y la fiesta se trasladó al interior.

Azirafel la había tomado de la mano y juntos se habían escabullido. Se besaron un par de veces mientras recorrían un pasillo vacío y Tonya lo empujó hacia un cuarto de baño del piso de abajo.

Ella le quitó la camiseta y acarició la curva de su vientre y su pecho cubierto por un fino vello rubio. Ya Estaban prácticamente desnudos. La tela del bañador de Azirafel y la del bikini de Tonya ni siquiera ocultaban el calor que irradiaban su sexos. Se besaron desesperados. Tonya lo presionó con su cuerpo contra la pared del baño y deslizó una de sus manos bajo la goma del bañador.

- Ahh, querida – jadeó él tremendamente excitado.

Tonya sonrió con malicia y empezó a repartir besos por su cuello y su pecho, cada vez más abajo, hasta quedar de rodillas ante él. Liberó su miembro inflamado de las bermudas y lo lamió con avidez.

Si no hubiese música fuera el gemido de Azirafel se hubiese oído sin duda. Él apoyo la cabeza en la pared, su respiración acelerada, inmerso en el placer. Tonya estaba haciendo todo un despliegue de habilidad. Acompañaba los movimientos de su lengua y sus labios con sus largos dedos, que estimulaban la base de su miembro.

En breves minutos se sintió al borde del orgasmo.

- Ohh, joder… - gruñó – ¡Para para!

Ella se retiró, su sonrisa traviesa aún más amplia y sus labios brillantes de saliva.

Zira la hizo levantarse, la cogió por la cintura y la sentó en el lavabo. Apartó a un lado la tela del bañador y enterró su cara entre esos delicados muslos. Lamió sus pliegues y estimuló su clítoris con la punta de su lengua antes de succionar sobre el sensible nódulo nervioso.

Las manos de Tonya se aferraban a la porcelana de forma convulsiva mientras temblaba bajo las atenciones del chico.

- Ah…ahh… Zira. – gimió ella acariciando los cabellos rubios y llamando la atención de su compañero – Fóllame – pidió.

En un momento de lucidez ella abrió una de las puertecitas que ocultaba el espejo y buscó en su interior . Suspiró aliviada al encontrar una caja de preservativos.

Azirafel agradeció al poder superior de turno que los hubiese puesto ahí, porque no estaba muy seguro de poder contenerse en ese momento.

Tonya abrió la funda del condón con los dientes y se lo puso mordiéndose el labio inferior por la impaciencia. Zira no la hizo esperar mucho. Le quito la parte de abajo del bikini y la penetró en un fluido movimiento.

Tonya lo envolvió con sus largas piernas y se aferró a sus hombros como si su vida dependiese de ello.

En unos segundos estaban inmersos en el rítmico movimiento. Sus cuerpos colisionaban una y otra vez buscando el placer en el otro.

Azirafel acarició sus pechos y mordió y besó esos labios rojos, como la piel de una manzana. Los talones de Tonya lo apretaban contra ella, urgiéndole a aumentar el paso y la potencia de sus embestidas.

- No pares – mustió ella entre jadeos – Ah, ah, joder. Sigue.

El chico gruñó en du oído tratando de contener su inminente orgasmo. Su cuerpo pedía a gritos el alivio del clímax, pero él quería verla llegar. Deseaba tener frescos en su memoria esos sonidos maravillosos que ella producía cuando se dejase arrastrar por su propio éxtasis.

La cabeza de ella calló hacia atrás exponiendo su esbelto cuello. Su musculatura se contrajo por su cuenta y empezó a temblar entre sus manos. Él siguió penetrándola durante los interminables segundos de placer y, cuando ella suspiró volviendo a la Tierra, Zira se derramó en su interior abrazándola con tanta fuerza que casi le cortaba la respiración.

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Plastic Hearts

Chapter Text

 

El taxi los recogió justo delante de la casa. Habían recuperado su ropa y se habían escabullido sin llamar mucho la atención. Ella le dio indicaciones al conductor y un extraño silencio se instaló entre ambos.

Azirafel miró a Tonya contrariado, nada había salido como él esperaba.

- Lo siento, querida. Te traje aquí para pasarlo bien y al final te he dado el mal rato.

- ¿De que coño hablas? – preguntó ella con su habitual sonrisa maliciosa – He vacilado a unos cuantos críos ricos, he tocado un piano de verdad y… bueno… lo otro- Azirafel se ruborizó – En general me lo he pasado muy bien.

El chico sonrió aliviado y miró por la ventanilla tratando de ubicarse.

- ¿A dónde vamos?

- A mi casa. Si te apetece, claro

- Oh. Sí, claro que… - dudó tratando de no parecer demasiado emocionado por la idea- Lo que te sea más cómodo.

Tonya rio por lo bajo.

- Pare aquí, por favor – le dijo al conductor y rebuscó su cartera en su bolsa.

- De eso nada, no pienso dejar que pierdas tu fama de cazafortunas – dijo él adelantándose a pagar, ella lo miró ceñuda y le agarró la muñeca – ¡Venga ya! Voy a pagar con el dinero de mi madre. Considéralo una venganza.

Tonya lo soltó fracasando en su empeño por ocultar una sonrisa y ambos se bajaron en la plaza, si se podía llamar así.

Era el espacio que quedaba entre los altísimos edificios de apartamentos, pero no tenía ningún tipo de adorno o parque infantil. Las viviendas que lo rodeaban tenían aspecto de haberse construido durante los años ochenta, y la pintura estaba vieja y descascarillada.

Pero la vida que se respiraba allí difícilmente podría verse en la lujosa urbanización que acababan de abandonar.

Algunos niños jugaban a la pelota y otros se perseguían con globos llenos de agua aprovechando el calor del día que pronto llegaría a su fin. Unos ancianos descansaban a la sombra y un grupo de jóvenes fumaba y bebía bajo los soportales.

- Guarda la cartera si no quieres que te den el palo – lo avisó Tonya.

Azirafel chasqueó la lengua.

- Dudo seriamente que eso sea un problema. ¿Quién crees que va a atracarnos? Esos amables viejecitos de ahí?

- No pluralices, desde luego a mi no va a atracarme nadie. A ti, por otra parte… - dijo mirando al grupo bajo los soportales – Esos no son trigo limpio.

- No creí que prejuzgaras así – repuso él petulante - ¿Cómo lo sabes?

- Porque son mis amigos – aclaró ella.

- ¿Ya no te preocupa que nos vean?

- Que más da, ya nos han visto – refunfuño la chica con fastidio.

Una joven alta con el pelo recogido en una tirante cola de caballo estaba señalando hacia ellos mientras le susurraba al oído a un chico negro y corpulento. Fue otra de las chicas la que se acercó a ellos. Era pequeña con el pelo negro corto y unos curiosos ojos azul claro.

- ¡Tony! – gritó desde el otro lado de la plaza.

- Hola Bel – saludó Tonya sin mucho entusiasmo.

- ¿Donde te habías metido? ¡Te he estado llamando! – la riñó su amiga

- Bah, por ahí despejándome

Los ojos azules de Bel recorrieron a Azirafel de arriba abajo.

- Ya veo…

- Zira, esta es mi amiga Bel.

- Encantado – respondió él con educación - ¿Es diminutivo de Bella?

- No, de Belcebú - dijo la chica con una sonrisa retorcida y ambas rieron con ganas de su chiste privado. - ¿Podemos hablar un segundo? - añadió adoptando un tono mas serio

Tonya chasqueó la lengua molesta, pero la siguió unos metro más allá

- ¿De donde coño lo has sacado? ¿Del escaparate de Burberrys?- le preguntó Bel en voz baja.

- ¿Y a ti que mas te da? Sólo es un amigo – respondió Tonya a la defensiva.

- ¿Ah si? ¿No pensarás subirlo a tu casa?

- ¿Y que si lo hago?

- Tony te vas a meter en un lío. En cuanto Lu sepa…

- ¿Se lo vas a ir a contar tú?

- No, pero…- murmuró Bel mirando hacia Hastur que no les había quitado los ojos de encima desde que habían llegado.

- Pues dile a tu novio que tome notas, porque va a tener mucho que contarle. – repuso enfadada volviéndose hacia Azirafel- Vamos - lo cogió por la muñeca y tiró de él hacia su portal.

El chico la siguió desconcertado. Entre los jóvenes sentados bajo el soportal uno con el pelo claro y ojos oscuros los miraba con expresión inescrutable.

En cuanto entraron en el portal Tonya se le abalanzó y lo besó con furia. Zira tuvo se esforzó en reprimir el insistente cosquilleo que se instaló en la parte baja de su vientre y la apartó de él.

- Querida… un… un momento – dijo jadeando levemente – No tenemos por qué.

- ¿De que estás hablando? – preguntó ella tratando de besarlo de nuevo.

- Está claro que intentas poner celoso a ese chico.

- No quiero poner celoso a Hastur – dijo Tonya componiendo una mueca de disgusto.

- Pero sabes que él le irá con el cuento a alguien. ¿Es amigo de tu exnovio?

Ella no respondió y apartó la mirada.

- Tonya, no me siento cómodo acostándome contigo por despecho.

- Está bien, lo entiendo – dijo ella aun sin mirarlo – márchate si quieres.

Azirafel le dedicó una sonrisa triste, acarició uno de sus marcados pómulos y la tomó de la barbilla haciendo que su vista se fijase en él.

- No voy a ir a ninguna parte. Lo que intento decir es que no quiero que te fuerces a hacer algo que no deseas. Voy a pasar la noche contigo, si quieres que me quede, y ese tipo puede pensar lo que le de la gana. Quizás tengamos sexo o quizá no, pero esa elección nos pertenece solo a nosotros.

Tonya suspiró

- ¿Por qué tienes que ser así? – preguntó ella con una nota de fastidio en la voz.

- ¿Así cómo?

- Razonable. Me complicas mucho mis planes de tomar malas decisiones.

Azirafel rio y ella le devolvió una de sus retorcidas sonrisas mientras empezaba a subir las escaleras hacia su apartamento.

***

El piso era pequeño, pero acogedor. Tenia un espacio común que integraba la cocina y la sala y tres puertas que conducían respectivamente a la habitación de Tonya, la de su compañera de piso y al baño.

El cuarto de y ella era casi espartano en comparación con el afán acumulativo de Azirafel. Había una cama individual, un armario, una estantería con libros y recuerdos y un piano eléctrico en el rincón. Todo estaba en su sitio, pulcramente colocado y no había ni una mota de polvo en las superficies.

- Si quieres quedarte a dormir me temo que vamos a estar un poco apretados.

- No creo que eso sea un problema – dijo él sin poder reprimir una sonrisa.

Ella sonrió también y se pasó los dedos por sus rizo pelirrojos descubriendo que estaban tremendamente enredados y que olían al cloro de la piscina.

- Oye, si no te importa voy a darme una ducha. Estás en tu casa.

- ¿Te apetece que pida algo de cena?

- Sí, lo que quieras – dijo mientras buscaba una muda limpia en su armario

- ¿Pido para tres por si a tu compañera le apetece?

- Eva no está. Suele pasar los fines de semana en casa de sus padres.

El chico hizo un pedido a su pizzería favorita apoyado contra la encimera de la cocina y se quedó mirando su teléfono. Pensaba en lo que Tonya le había dicho en el metro. “¿Por qué no la compras tú?”. Cuanto más lo pensaba menos le parecía una locura. Necesitaba asesoramiento legal.

La ducha seguía en marcha e, ignorando una punzada de culpabilidad, Zira abrió la conversación con Remiel. Lo saludó sin saber muy bien como abordar el tema que le ocupaba sin parecer un aprovechado. Quizás fuese mejor comentarlo en persona.

- Hola, ¿estás teniendo un buen fin de semana? 

- Hola – respondió él enseguida – la verdad es que sí, empezando por lo de ayer- añadió con un guiño – Me lo pasé muy bien contigo.

Azirafel se sintió mal al instante. Ojalá Remiel no se estuviese colgando por él. Creía que habían dejado claro que era solo sexo, aunque no podía culparlo por hacer el intento. ¿No era lo mismo que hacía él con Tonya? ¿Mantenerse cerca por si cambiaba de idea?

- Lo cierto es que me preguntaba si estarías libre mañana – escribió al final aguantando la respiración.

- Pues no lo se, tendría que consultar mi agenda, pero creo que podré hacerte un hueco, por ser tú.

- Jajajaja -escribió Azirafel sin rastro de risa en el rostro – Pues avísame cuando te venga bien. Prometo invitarte a un café -era lo mínimo que podía hacer

- ¿Un café y lo que surja? – Zira casi pudo oír el tonito – ¿O esta vez te vas a hacer el difícil?

Puso los ojos en blanco exasperado. Era una broma, desde luego, pero tenía algo de verdad. Remiel le había dado a entender que aceptar tener sexo cuando le apetecía era una muestra de carácter débil. Como si él no se hubiese lanzado de cabeza al metro justo ayer para llegar a su casa a tiempo de echar un polvo.

En algún momento tendría que contestarle, pero ahora no. Se sentía enfadado y culpable, pero no podía evitarlo. Cuando alguien se ponía a su alcance tan alegremente era incapaz de rechazar la tentación. Apagó el teléfono, desterró a Remiel de sus pensamientos y llamó a la puerta del cuarto de baño.

- Querida, ¿puedo entrar?

- Pasa – se oyó dentro sobre el sonido incesante del agua.

Azirafel entró y cerró la puerta tras él para que no se escapase el vapor.

Por un instante se quedó hipnotizado por la visión. El agua caía por su delgado cuerpo en pequeños riachuelos que se bifurcaban y se unían. Sus cabellos rojos empapados se habían oscurecido adoptando el mismo tono intenso de sus labios y enmarcaban su fino rostro. Su piel se veía rosada por el calor del agua y en sus ojos ambarinos bailaba un brillo travieso.

- ¿Vas meterte aquí conmigo o vas a quedarte ahí plantado?

- Ya que me lo pides tan amablemente – bromeó Azirafel deshaciéndose de su camiseta y sus pantalones. Cuando llegó a los calzoncillos su miembro ya palpitaba interesado.

¿Cuanto tiempo había pasado desde que lo habían hecho en el baño de Uriel? No más de un par de horas. El chico empezaba a preocuparse. Era cierto que desde su adolescencia siempre había sido bastante activo sexualmente, pero no así.

Acostumbraba a aburrirse con facilidad y tendía a buscar continuamente un ligue nuevo para sentir esa descarga de adrenalina que le provocaban las primeras veces, sin embargo, con Tonya siempre se sentía como una primera vez.

Se metió con ella bajo el chorro de la ducha pero se apartó en un acto reflejo cuando el flujo de agua casi hirviendo le escaldó la piel.

- ¡Auch! ¿Como lo aguantas?

Ella rio y bajó un poco la temperatura – Ven – le dijo tomando una de sus manos y llevándola hacia su cadera.

Él sintió la ya familiar urgencia corriendo por sus venas, creciendo imparable. La satisfacción de la misma se volvía tan necesaria como respirar, pero su necesidad no era su propio alivio. Lo que ansiaba sentir era el de ella. Ese cuerpo delgado y fibroso tensándose entre sus manos, temblando en el pico del clímax… esa era su verdadera adicción.

- Solo una criaturilla infernal podría soportar semejante temperatura. – repuso con sorna y se inclinó para besarla profundamente.

***

Cenaban apoyados contra la encimera de la cocina compartiendo una botella de vino mediocre que, a falta de copas apropiadas, bebían directamente de la botella. La conversación fluía con ligereza entre anécdotas y risas.

- Vale – dijo ella engullendo el último trozo de pizza y sacudiéndose la harina suelta de las manos - Explícame esto – dijo ella señalando vagamente hacia él

- ¿El qué?- rio él- Me has señalado entero.

- Sí, eso mismo. ¿Como llega un tío como tu a ser… bueno… como tu?

- No se como tomarme eso – dijo él alzando una ceja.

- Tómatelo como un cumplido. La mayor parte de la gente es gilipollas y luego estás tú. Un auténtico ángel en este pozo de mierda.

- Creo que te has hecho una idea equivocada de mi, querida. No soy un ángel ni de lejos.- ella lo miró con una sonrisa maligna que lo animaba a continuar - Pero, respondiendo a tu pregunta, supongo que sí puede decirse que tengo un carácter inusual. Siempre he sido así que yo recuerde.

- ¿Y no tuviste problemas en el colegio o en casa?

- Por supuesto. De hecho mi padre se tomo muchas molestias en intentar volverme más “masculino” y me apuntó a algunos deportes de contacto. El problema fue que consistían, principalmente, en agarrarse a otros jóvenes sudorosos, así que… bueno, si me quedaba alguna duda sobre mi sexualidad…

- ¿Pensaste que eras homosexual?

- Si, claro. Todo el mundo lo daba por hecho y mis primeras experiencias fueron con varones, así que durante un tiempo tuvo sentido. Pero luego llegaron las chicas y aquí estoy. – dijo encogiéndose de hombros.

Azirafel observó como ella asentía y tomaba un sorbo de vino.

- ¿Y tú? – se atrevió a preguntar - ¿Me cuentas cómo has llegado hasta aquí?

Tonya no soltó la botella sino que le dio otro trago largo como si quisiese templar los nervios.

- Ven- dijo ella incorporándose y desapareciendo por la puerta de su cuarto.

Azirafel la siguió y la encontró acostada en la cama. La chica dio un par de palmadas en la cocha invitándole a echarse con ella. Cuando estuvo recostado a su lado Tonya se acurruco entre sus brazos.

- Supongo que todo empieza y acaba con Lu, Lucifer.

- ¿Puedo decir que tiene un nombre ridículo? Suena a capullo integral.

Tonya sabía que lo decía por destensar el ambiente, para hacerla sentir mejor, y funcionó porque no pudo reprimir una risita.

- ¿De donde salió ese tipo?

- Nos conocimos en el instituto. Él era mayor e iba de malote. En otras circunstancias no se abría fijado en una mocosa como yo, pero él trapicheaba con drogas blandas y mi padre me mandaba a comprar porque la poli nunca registra a las niñas. Cuando cumplí los dieciséis dejé los estudios y me largue de casa… y el único a quien pude recurrir fue Lu.

- ¿No tenías más familia? Tu madre, algún tío…

Ella negó con la cabeza – Sólo a Lu. Al principio fue como un sueño, me daba cuanto quería y lo único que me pedía a cambio era que le ayudase a mover la mercancía. Me pareció un trato justo, pero luego caí al mundo real.

- ¿Que ocurrió? ¿Te… te hizo daño?- preguntó el chico sintiendo un nudo en la garganta.

- Empezó a pedirme que tomara lo que vendía. Primero parecía que era por diversión, pero era para tenerme controlada. Fueron un par de años difíciles pero conseguí salirme de todo eso. Cuando empecé a trabajar en la tienda de electrónica montó en cólera y las cosas se pusieron feas de verdad. Hace seis meses que corté con él.

Era un resumen que no llegaba a transmitir los horrores de una relación abusiva, pero era todo lo que había podido poner en palabras. Tonya había decidido contárselo así porque no se veía capaz de mirarlo a los ojos mientras exponía su drama personal, pero no habría podido anticipar la reacción de Azirafel ni en un millón de años.

Esos fuertes brazos la apretaron contra él y ella se sobresaltó cuando su pecho se estremeció en un sollozo reprimido. Tonya buscó esos ojos grises solo para encontrárselos anegados en lagrimas.

- Azirafel… - mustio confusa.

- Lo siento querida – dijo él incorporándose. Tomó aire lentamente y pellizcó el puente de su nariz con los dedos en un gesto ensayado cientos de veces – no pretendía incomodarte.

Tonya lo miraba de hito en hito. No creía que nadie hubiese derramado una lágrima por ella jamás. Aun sin poder apartar la vista de su mirada azul grisácea deslizó sus brazos alrededor de su cuello y, como si él fuese un frágil adorno de cristal, lo abrazó con delicadeza.

Desde ese momento la chica percibió el cambio entre ellos. No volvió a salir el tema de sus respectivas adolescencias, hablaron de otras cosas, cosas ajenas, cosas mas alegres, y pasaron la noche el uno en brazos del otro.

Tonya se sentía incapaz de romper el contacto. Desde el primer momento en que lo vio se sintió atraída por él, pero ahora un sentimiento más complejo y mas cálido se abría paso en su vientre. Uno que no podía evitar y al mismo tiempo temía sentir.

***

Azirafel se marchó temprano, dejando a Tonya dormitando plácidamente. Se habría quedado un poco más pero Remiel lo había citado para esa misma mañana. Se trago el sentimiento de culpa y salió a la calle.

Nada más pisar la acera alguien se le vino encima y un puño se hundió en su estómago haciéndolo doblarse de dolor. Entre sus ojos llorosos vio a los chicos de ayer, el alto de pelo claro y el muchacho negro de hombros anchos.

- Esto es de parte de Lucifer Beast – dijo uno de los dos, aunque Zira no habría podido decir quien- Aléjate de ella o la próxima vez acabarás en la morgue.

Ambos se escabulleron por el callejón entre dos edificios mientras él se sentaba en el sucio suelo tratando de recuperar la respiración.

Cuando llegó a su piso aun temblaba un poco. No estaba asustado, temblaba de rabia. ¿Acaso esos desgraciados estaban acosando a Tonya? La ira y la frustración lo quemaban por dentro. Nadie merecía vivir con miedo, y ella menos aun. Ya había sufrido bastante.

Pospuso la cita con Remiel y le escribió a Tonya para verse lo antes posible. Quizás estuviese precipitando las cosas pero, vista la situación, tenía que hacerle entender que no estaba sola.

***

Tonya recibió un mensaje de lo más extraño de Azirafel. “Tenemos que vernos”. Era absurdo, acababa de marcharse hacía solo unas horas y ella tenía más cosas que hacer. Le había prometido a Eva ir a recogerla, para empezar.

- ¿Puedes quedar el lunes?- le preguntó él cuando la chica le dio largas.

- Tengo turno de tarde- respondió algo molesta.

- Pues por la mañana- insistió él.

- ¿No tienes clase?

- Eso ahora da igual- el tono de los mensajes era cada vez más preocupante.

- Zira ¿que coño está pasando?

- Sólo necesito hablar contigo. Prométeme que vendrás. Es importante.

***

Tonya aparcó su moto en una calle lateral y se dirigió hacia la cafetería. Azirafel la había citado donde habían tomado algo la primera vez que había salido por ahí. Solo hacía un par de semanas, pero parecía que había pasado un siglo. ¿Cómo funcionaba su vida antes de Zira? A penas lo recordaba.

Dobló la esquina y entonces lo vio. Allí plantado delante del bar con una chaqueta clara, sus rizos rubios peinados cuidadosamente y un ramo de flores en la mano. Amarilis apple blossom, reconoció ella, blancas con un tinte rosado en el borde de los pétalos.

El corazón se le heló en el pecho. No. No no no no. ¿Será estupido? pensó ¿Por que tiene que complicarlo todo?.

Azirafel la vio y se volvió hacia ella, su rostro sonrosado se iluminó con una de esas sonrisas que hacían del mundo un lugar menos miserable. Tonya era lo ultimo que quería ver en ese instante, porque verla desaparecer era horrible. Pero no podía darle lo que él deseaba. Tenía que preservarse a si misma.

Él la miró durante una fracción de segundo y ella negó con la cabeza. Se dio la vuelta y desapareció de nuevo en el callejón.

Azirafel nunca supo cuanto tiempo estuvo allí de pie, sosteniendo sus flores y con la mirada perdida en aquella esquina fatídica. Podría haber sido un segundo o una hora. Realmente nunca había entendido la expresión “un corazón roto” hasta ese instante. La presión en el pecho era casi un dolor físico, la sensación de que miles de cristales minúsculos se clavaban en sus entrañas. Eventualmente volvió en sí, tiró el ramo de amarilis en la papelera más cercana y se echó a andar. Caminó sin rumbo repasando en su cabeza una y otra vez lo que había fallado en su razonamiento.

Lo había visto en sus ojos color ámbar. Lo había sentido en las caricias de esos delicados dedos y en los besos dulces. Lo habría jurado ante Dios mismo. Pero se había equivocado. De alguna manera su mente lo había traicionado para que viese algo donde no lo había.

Regresó a su piso varias horas después, cuando recuperó la sensibilidad y supo que iba a echarse a llorar en cualquier momento. Empujó la puerta de la calle que llevaba rota meses sin que nadie la arreglase, abriéndola sin mas. Sintió las lágrimas ardientes rodar por sus mejillas y se apresuró a subir las escaleras solo para encontrarse a Tonya sentada en su rellano. Por un instante se quedó helado mirándola sin comprender que demonios estaba pasando.

- Lo siento, Azirafel – murmuró ella con la voz preñada de tristeza – te debo una explicación.

- ¿Ahora sí quieres hablar? – reaccionó el tragándose un sollozo. Se sentía traicionado, como si lo hubiesen apuñalado por la espalda, y esos ojos secos eran la torsión del cuchillo en la herida. Pero a ella no podía negarle nada. Abrió la puerta de su apartamento y se hizo a un lado – Después de ti.

Azirafel fue hasta la cocina y puso agua a calentar. Tonya sentada en el sofá se veía extrañamente menuda, como si desease desaparecer. No iba muy desencaminado. Para ella era preferible disolverse en el aire antes de hacer lo que estaba a punto de hacer.

Pero no tenía otra opción. Las flores, los cumplidos, los “querida”, cuanto más le daba él peor se sentía ella. No se merecía nada de eso.

El chico se sentó en el sillón, alguna lágrima rezagada aun resbalaba por sus mejillas mientras servía el té.

- Zira…- empezó ella conmocionada, pero él la acalló con un gesto.

- No tienes que explicarme nada, Tonya- dijo con voz temblorosa – Dejaste muy claro tus deseos, pero yo me dejé engañar por mis propias fantasías. Lo siento mucho.

“Tonya”, ya no “querida”, la certeza de que había roto algo precioso se le clavó entre las costillas como un hierro al rojo.

- No, no, eso no. No es culpa tuya que yo lo arruine todo, que no pueda ser lo que necesitas.

- ¿Y que es lo que necesito si puede saberse? – le espetó él con suficiencia.

Tonya gruñó frustrada. Odiaba cuando se ponía así de insufrible.

- Alguien que no te arrastre a la desesperación con él. Tú no puedes ser para mi, Azirafel.

Esos ojos grises volvían a estar llenos de lágrimas. Se levantó del sillón y se arrodilló ante ella. Sus dedos depositaron la mas leve de las caricias en el dorso de su mano.

- ¿Por qué no? No lo entiendo.

- Los ángeles como tú no pueden volar aquí abajo conmigo - dijo ella deslizándose del sofá al suelo y acariciando su mejilla con delicadeza para secar los surcos de sus lágrimas.

Azirafel cerró los ojos un instante componiendo un gesto de dolor. Era un adiós, lo estaba rechazando con suavidad, pero era evidente. Había sido un estúpido, uno de los dos se había lastimado al final y le había tocado a él.

El contacto de unos labios conocidos contra los suyos lo trajo de vuelta a la realidad. Él le devolvió el beso, uno suave y lánguido que poco a poco fue ganando más profundidad. Sus lenguas se rozaron y de pronto la distancia entre sus cuerpos se redujo a la nada.

- Quizás una vez más- susurró ella con el tono de quien sabe que está a punto de cometer un error y sin embargo decide seguir adelante.

Azirafel asintió sin decir una palabra y se levantó tomándola de las manos y llevándola a su cama. Podía fingir que todo estaba bien, un poco más de dolor no lo mataría.

Se desnudaron el uno al otro con delicadeza, quedando enseguida en ropa interior. Los enormes ojos ámbar de Tonya nunca dejaban los suyos, solo cuando Azirafel se dedicaba a repartir besos entre su rostro, sus labios y su cuello.

- Vuélvete – le pidió él mientras se echaban en la cama.

Tonya obedeció y sintió como él se deshacía de las ultimas prendas que cubrían su desnudez antes de colocarse tras ella. Uno de sus fuertes brazos la rodeó acariciando su cuello, sus pechos y su vientre. El chico desabrochó su sujetador con habilidad y deslizó sus bragas por las largas piernas.

Ella trató de darse la vuelta para enfrentar esos ojos grises pero él no se lo permitió.

- Zira…- susurró algo preocupada

- Por favor- rogó él mientras la estimulaba lentamente con sus dedos.

Tonya se apretó contra su ancho pecho jadeando por los certeros movimientos de él y notó como el chico hundía su rostro entre sus cabellos pelirrojos dejándose embargar por su olor y reprimiendo un sollozo.

- Azirafel, no tenemos por qué – dijo ella sintiendo que le estaba pidiendo demasiado.

- No – la cortó él enseguida – Dame un minuto – añadió mientras buscaba un preservativo en la mesilla.

Un momento después Tonya notaba ese miembro erecto deslizándose entre sus muslos, buscando la entrada entre sus pliegues. Ajustó un poco su postura para facilitar la penetración y enseguida él se deslizó en su interior con facilidad.

Azirafel gimió en su oído y empezó a moverse. Sus brazos la rodeaban y la apretaban contra él y sus embestidas subieron pronto de intensidad, retirándose casi por completo antes de volver a llenarla una y otra vez, casi con desesperación.

Ella gemía con cada movimiento de sus caderas, pero no se atrevía a decir nada más por miedo a quebrar la frágil calma de su compañero. Se sentía culpable de estar disfrutando de las sensaciones cuando podía notar el dolor de él traslucirse entre los sonidos de placer.

Antes de lo esperado la mano del chico buscaba sus pliegues para estimularla al mismo tiempo y gruñía con la frente apoyada en su hombro persiguiendo su propio orgasmo.

Ella se arqueó contra él alcanzando el clímax y dejándose sumergir en la oleada de endorfinas e impulsos nerviosos que recorrían su cuerpo. Él no dijo nada, solo encadenó unas cuantas embestidas más y exhaló aliviado eyaculando en su interior casi con rabia.

Se separaron y reposaron un momento entre las sábanas recuperando el aliento en un extraño silencio.

- Piénsatelo, Tonya – dijo él con voz temblorosa – Se que he precipitado las cosas, pero también se que lo que siento… lo que sentimos es real.

Ella se volvió hacia él y se incorporó sobre un codo dedicándole una mirada triste.

- ¿Cómo puedes estar tan seguro? ¿Cómo sabes que no soy todo lo que dicen que soy?

Azirafel se encogió de hombros sin saber que contestar, no era algo racional, no podía explicarse con palabras. Era inefable.

Esa mirada dorada recorrió el cuerpo del chico como tratando de grabar sus formas en su retina, entonces reparó en el moratón reciente que florecía en su vientre.

- ¿Qué te ha pasado?- preguntó ella alarmada ante la clara marca de un puñetazo en el torso del hombre menos propenso a la violencia que había conocido jamás.

Por un momento Zira pensó en mentir, pero creyó que ya había mentido suficiente.

- Tus amigos no son muy agradables – dijo con una sonrisa que era más una mueca que otra cosa.

- ¡Hastur!- bramó ella enfadada incorporándose en la cama- ¡¡Lo voy a matar, yo lo mato!!

- ¡Tonya, no pasa nada!- trató de tranquilizarla él - Solo es un golpe. No les tengo ningún miedo.

- Pues eres estúpido – le espetó ella con dureza.

- Es lo que intento decirte – continuó el chico ignorando el insulto - Podemos encararlo juntos, no tienes que estar sola en esto.

- Por supuesto que si tengo, no pienso arrastrarte a esta mierda.

Durante unos instantes interminables se miraron el uno a la otra. Los ojos azules eran un ruego y los ambarino puro desafío.

Ella desvió la mirada y empezó a vestirse de nuevo.

- Voy a llegar tarde al trabajo – murmuró a modo de excusa.

Cuando empezó a avanzar hacia la puerta él la agarró por la muñeca, reteniéndola un momento.

- Prométeme que lo pensaras – dijo él.

Ella asintió sin mucha convicción y se marchó sin decir una palabra más, con la certeza de que pronto él desearía no haberla conocido, si no lo deseaba ya.

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Angels like you (Plastic hearts)

 

 

 

Chapter Text

Tonya pasó los siguientes dos días en pleno estado de negación. Era imposible. Pertenecían a mundos distintos, él se cansaría de ella enseguida y ella entraría en su espiral autodestructiva habitual. Aún tenía frescas las heridas emocionales que se había provocado a si misma después de lo de Lu, y eso que lo había dejado ella. No, sería una auténtica estupidez, debía preservarse a si misma.

Sin embargo, a medida que pasaba la semana sus argumentos parecían cada vez más flojos. Ese agradable cosquilleo que la invadía cuando pensaba en Zira no se atenuaba como debía. A última hora del jueves una pregunta retumbaba en su cabeza mientras reponía las estanterías. Cuando cerró la tienda y bajó la persiana aún no había encontrado respuesta. Se volvió y se lo preguntó otra vez: ¿Por qué no? Entonces las reconocibles figuras de Hastur y Ligur se recortaron contra la luz de la farola y la respuesta le cayó como un ladrillo en el estómago. Ah, ya. Por eso.

- Lu quiere verte- dijo Hastur con su habitual tono de desprecio.

- Pues yo no quiero verlo a él, así que creo que tenemos un problema.

- Tonya- repuso Ligur más conciliador - Creo que estás confundida, pareces pensar que tienes elección en todo esto.

Durante un momento la chica se planteó resistirse, pero sabía que era inútil. Si se negaba la llevarían ante él por la fuerza.

Hastur la arrastró del brazo por las escaleras que bajaban hacia la guarida de Lucifer. El húmedo sótano pobremente iluminado había sido, en su momento, un lugar seguro para ella, pero ahora mismo le parecía una ratonera. Se soltó del chico de malos modos nada más traspasar el umbral.

- ¿Qué cojones quieres? – le gritó al joven sentado en el sofá del fondo.

Lu ladeó la cabeza curioso haciendo que su larga melena negra cayese sobre uno de sus hombros. Sus ojos oscuros parecían ver su interior, conscientes del miedo que ocultaba tras su fachada de dura. Tonya reprimió un estremecimiento. Temía las respuestas violentas de su exnovio, pero no tanto como la ausencia de reacción emocional. Ese era el verdadero signo de peligro.

- Sólo quiero hablar contigo – respondió él con naturalidad.

- Creo que he sido bastante clara. No pienso tener esta conversación otra vez.

Lucifer se levantó. No era tan alto como ella (ya no) pero su lenguaje corporal marcaba el ambiente en la habitación. Se acercó a ella y la chica tragó saliva nerviosa.

- No estás en situación de ponerte rebelde conmigo, Tony. Lo se todo.

Ella lo fulminó con la mirada, pero se tragó la rabia y calló. Le interesaba saber que le habían contado sus lacayos antes de reaccionar.

- ¿De veras creías que podrías engañarme con otro? ¿Qué yo no lo sabría? – el chico sonrió con maldad – No creí que tuvieses valor de echarte un amante.

- No estás muy bien informado Lu, no tengo ningún amante y no te he engañado, mas que nada, porque tú y yo ya no estamos juntos – repuso ella vocalizando claramente cada palabra.

El otro la ignoró y buscó algo en su teléfono.

- ¿Así que no estás liada con esta nenaza? – dijo Lucifer enseñándole una foto de Azirafel en la pantalla y algo se removió en su interior al ver sus ojos grises en ese rostro amable y redondeado.

Tonya apretó los puños para ocultar el temblor de sus manos y forzó una carcajada.

- ¿Liada con él? Por favor ¿Por quien me tomas? El tipo tiene pasta, bueno, tenía. Le seguí un poco el juego para ver si le sacaba algo, pero ya es historia.

- Aprecio mucho que seas tan sincera conmigo, Tony – dijo él con falsa amabilidad, su tono cada vez más peligroso – Seguro que a tu amiguito también le gustaría que le aclarases las cosas.

La chica sintió flaquear su fingida sonrisa.

- Llámalo – ordenó él

- No – mustió ella – Tú ya no me mandas – añadió avanzando hacia él recuperando su tono desafiante, desesperada por cambiar el rumbo de la conversación.

Esos ojos oscuros brillaron bajo la tenue luz de los fluorescentes.

- Si no lo llamas tú ahora, me temo que tendremos que aclararle las cosas nosotros – susurró él cada vez más amenazante.

Tonya no tenía otra opción. Si Lucifer buscaba a Zira no sería para hablar con él precisamente. El pánico le presionaba las tripas. No podía permitirse ponerlo en peligro, tenía que hacerlo ya.

Buscó su teléfono con rabia y seleccionó el número de Azirafel en la pantalla. Los tonos parecían infinitos y la chica no sabía si rezaba para que contestase o para que no se le ocurriese descolgar.

- Ho… Hola – oyó que decía la voz del joven a través del teléfono. Sonaba nervioso, pero ella pudo distinguir la nota de esperanza entre las silabas.

- Tenemos que hablar – dijo Tonya secamente. La esperanza era algo que no podía permitirse.

- Pon el altavoz – dijo Lucifer.

Ella apretó los dientes y obedeció.

- Por supuesto. Quieres quedar y…- empezó Azirafel.

- No – lo cortó ella – No podemos volver a vernos – le espetó tratando de evitar que él siguiese hablando y le diese más información a Lu.

- Tonya, ¿Qué está…?

- Escucha… No he sido sincera contigo. Lo cierto es que creí que tu podrías mejorar mi situación, económicamente hablando. Pero ahora, si te desvinculas de tu familia…

- Pero yo… yo… pensé que éramos amigos.- dijo la voz del chico impregnada de dolor y ella tomó aire para hacer lo que había que hacer.

- ¿Amigos? No somos amigos. – mintió - Ni siquiera te echo de menos.

- Tonya… - gimió él.

La chica mantuvo la mirada fija en los ojos negros de Lucifer. Se imaginó que se lo decía a él y no a la trémula voz de Azirafel al otro lado de la línea.

- Si esperas una disculpa no la obtendrás de mi. Tengo que cuidar de mi misma.

- ¿Que voy a hacer yo ahora? – oyó decir al chico más para si mismo que para ella.

- ¿Y yo que coño se?

Tonya colgó el teléfono y descargó toda su frustración contra el inexpresivo rostro de Lu.

- ¿Contento? – siseó con rabia.

- Tan fría como siempre, Tony… Acabas de dejar al pobre muchacho en la miseria.- se regodeó.

- Como si te importase una mierda.

- Ahí te doy la razón, por que había de importarme un niño pijo cualquiera. Quien me importa eres tú, no seas testaruda y arreglemos esto.

- Te lo repito. No estoy aquí para tener esta conversación de nuevo – dijo elevando la voz y acercándose amenazante a él – No juegues conmigo, Lu. Voy a salir por esa puerta y no quiero saber nada más de ti o de estos desgraciados que tienes por matones.

- Me quieres – le espetó él como si fuese el peor de los insultos.

- Te quise – lo corrigió la chica – luego te odié y ahora me marcho.

***

Azirafel miró la pantalla del teléfono horrorizado. Había estado convencido de que ella le daría una oportunidad, de que lo que tenían era real. ¿Cómo podía haberse equivocado tanto? Las palabras de Tonya resonaban en su cabeza una y otra vez: No podemos volver a vernos, no somos amigos, ni siquiera te echo de menos…

Le costaba respirar. Aquella noche, en el piso de Tonya, había sentido que era ella. Que podría pasar la vida a su lado, pero ¿él que coño sabía? Quizás estuviese destinado a estar sólo, quizás esto era el precio a pagar por haberle mentido o por no haber sido capaz de ayudarla.

Se dejó caer en el sofá completamente insensible y no fue capaz de levantarse hasta el amanecer.

***

Eva le abrió la puerta del piso a Bel y a Danielle. No tenía mucha relación con ellas pero no sabía a quien más llamar.

Las tres chicas contemplaron la puerta cerrada de la habitación de Tonya.

- Lleva tres días sin salir de ahí. No sabía que hacer.

- Has hecho bien – le dijo Bel – Esto le está afectando más de lo que yo creía.

- Se lo ha buscado ella solita – repuso Dany molesta

Bel la fulminó con sus ojos azul hielo.

- O ayudas o te largas, pero no empieces con esas- dijo mientras se dirigía a la puerta cerrada – ¿Tonya? – no hubo respuesta – Tonya, voy a entrar.

La habitación estaba prácticamente a oscuras. La chica había cubierto la ventana con una manta y estaba echa un ovillo en un lío de sábanas en su cama abrazada a la almohada.

Bel se arrodilló junto a ella y le apartó un mechón pelirrojo del rostro.

- Tony… ¿Qué ha pasado?- preguntó en un susurro, pero sólo recibió silencio como respuesta – Hastur no ha querido contarme nada… ¿Ha sido Lu? ¿Te ha hecho algo? – añadió poniéndose en lo peor.

- … ‘Zirafel… - mustió ella con la voz tomada.

- Oh, vaya – repuso Bel entendiendo por donde iban los tiros. – Tonya, se que es duro que las cosas no hayan salido bien, pero es lo mejor para los dos…

La chica asintió lentamente. Por eso lo había hecho, porque era el único camino, pero eso no lo hacía más fácil. No podía confesarle a Bel la profundidad de sus sentimientos hacia Zira, a penas podía confesárselo a si misma.

Lo que Lucifer le había obligado a hacer había sido tremendamente doloroso, pero lo había soportado. Había apretado los dientes y se había convencido a si misma de que Azirafel estaría bien, de que lo entendería y de que encontraría alguien mejor. Casi lo logró, pero hacía tres días Zira la había llamado y la desesperación en su voz le hizo comprender hasta que punto lo había herido.

- Me odia – le susurró a su amiga – y cree que yo lo odio a él.

Bel suspiró y les hizo un gesto a las chicas que esperaban asomadas a la puerta. Entre las tres consiguieron que se levantase y hasta fueron capaces de hacerle comer un par de bocados, pero todas sabían que Tonya debía salir por si misma de ese agujero de tristeza.

Eva se fue a dormir poco después y Dany se marchó cerca de la media noche. Bel se quedó con ella hasta el alba, hasta que no pudo permanecer más allí sin arriesgarse a buscarse un problema con Hastur.

Entonces, a primera hora de la mañana le llegó un mensaje. Lucifer había hecho su próximo movimiento para tratar de hacer su vida lo más miserable posible.

Mientras habían estado juntos Tonya había gozado de ciertos privilegios que otros que trabajaban para él no tenían. Ahora él trataba de hacerla pagar por ellos, obligándola a saldar una supuesta deuda por todo lo que afirmaba haber invertido en ella.

- Mañana en cuanto cierres ven al local – decía el mensaje - Tengo trabajo para ti. Si no me pagas así lo que me debes me lo cobraré de otra forma.

Ella ya se lo esperaba. Como no podía obligarla a estar con él trataría de forzarla a trabajar para él. Tonya lo ignoró. ¿Qué más podría hacerle? Entonces su teléfono vibró de nuevo y le llegó una foto.

Era una imagen de Azirafel saliendo del portal de su propia casa. Por el inusual aspecto desaliñado del chico dedujo que debía haber sido sacada esa misma semana.

Una gota de sudor helado resbaló por su columna. Tonya se levantó del sofá como impulsada por un resorte, se vistió a toda prisa, cogió las llaves de su moto y se abalanzó hacia la puerta del apartamento.

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Wtf do I know? (Plastic hearts) 

Chapter Text

No podemos volver a vernos, no somos amigos, ni siquiera te echo de menos.

Como un eco esas fatídicas palabras acompañaban a Azirafel desde el amanecer hasta el alba. Fue como un proceso de duelo, era extraño sentir que había perdido algo que en realidad nunca había existido, pero el dolor era real.

Primero se negó a creerlo. ¿Qué destino o deidad podría ser tan cruel? Sentía que no había nadie más en el mundo para él, nadie más que hiciese latir su corazón como ella. Tenía que haber otra explicación, pero Tonya había sido tan clara que no fue capaz de encontrar ninguna.

Al día siguiente llegó la ira. Una rabia incontrolable lo consumía desde dentro, no contra Tonya, sino contra si mismo. Ella había sido clara y él se estaba portando como un imbécil. ¿Por qué no podía seguir adelante? Dejar de pensar en lo que pudo haber sido y asumir la realidad, que ella no lo quería a su lado. Ni siquiera te echo de menos.

Tirado en su cama le daba vueltas a su teléfono entre los dedos reprimiendo el impulso de llamarla para oír su voz. No quería ser de ese tipo de tíos.

Frustrado, decidió que era el momento de volver a hacer una estupidez. Ya era tarde, pero en las redes sociales había movimiento, así que seguro que estaba despierto.

Azirafel se levantó por primera vez en doce horas, se adecentó un mínimo y salió de casa. En diez minutos estaba en el portal de Remiel odiándose a si mismo pero dispuesto a tomar malas decisiones.

El chico le abrió y lo esperaba en la puerta del piso con cara de pocos amigos.

- Si vienes a por más consejo legal te aviso de que estas no son horas, Zira - lo reprendió- Tendrás que apañarte con lo que ya sabes o tendré que cobrarte. Es más, debería cobrarte por la primera consulta, después del plantón del otro día… No me pidas más favores.

- Sólo uno más- dijo Azirafel con la voz ronca, acercándose hasta quedar a centímetros del otro – Que te calles – le espetó justo antes de tomarlo por la barbilla y atraerlo hacia un beso salvaje.

Remiel hizo un sonido de sorpresa, pero no intentó retirarse. Zira lo empujó hacia el interior del apartamento quitándose la chaqueta y la camisa de camino al dormitorio. El otro lo imitó deshaciéndose del pantalón del pijama y la camiseta de andar por casa. Cuando cayeron en la cama Remiel ya estaba desnudo y Azirafel luchaba por deshacerse de sus propios pantalones.

Acarició esa tersa musculatura tratando de no pensar en la de ella. Se concentró en excitarlo aún más, en sentir las respuestas del cuerpo del otro que lo hacían sentirse a su vez menos miserable. Cuando se separó de sus labios para besar su cuello el chico susurró en su oído.

- Me vale como pago, pero que sea la última vez.

Esa entonación traviesa, esa construcción de la frase… Era algo que diría ella. Su miembro hizo un tímido intento de erección, pero al instante supo que era inútil. Jadeando se incorporó en la cama y se cubrió el rostro con las manos.

- Lo siento… no puedo – murmuró.

Remiel se levantó y lo miró estupefacto. Él no esperaba que se preocupase, que le diese importancia a los signos de dolor emocional que por fuerza debían reflejarse en su actitud, pero tampoco esperaba que le gritase.

- ¿Estás de puta coña?- le espetó- ¿Vienes a mi casa a las 11 de la noche, un día por semana para que no se te levante?

Tragándose la vergüenza Azirafel se disculpó de nuevo y empezó a recoger su ropa. Remiel estaba que echaba chispas, pero él ya le había pedido perdón y no encontraba qué más decirle.

- Ya me avisaron de que eras un imbécil, no se por que coño sigo quedando contigo.

- No te preocupes. No volverás a verme- mustió con rabia.

***

Hacía un par de días que no pegaba ojo. Como un autómata había solucionado algunos temas por teléfono y luego se había dedicado a beber. El alcoholismo y la autocompasión parecían una opción razonable. Se había saltado la fase de negociación para zambullirse en plena etapa depresiva.

Sabía que era un error y su estado no era una excusa, pero estaba muy borracho y muy triste. En un impulso marcó su número. No esperaba que respondiese, solo quería sentir que aun conservaba algo de coraje, sin embargo, al tercer tono, la voz de Tonya inundó la línea.

- Que- dijo secamente, pero su voz parecía temblar con el esfuerzo por mantener el tono desafiante.

- Hola… - respondió él, sintiendo que lo había pillado con la guardia baja- Lo siento, no quería…

- Azirafel ¿qué coño quieres? – sonaba agotada.

- Saber…- se encontró diciendo- Tonya ¿Qué he hecho mal? Todo este desastre debe ser culpa mía, pero no soy capaz de comprender en qué me he equivocado…

- No lo es. No es de nadie, pero puedes decir que es mía si eso hace que te sientas mejor.

- Pensé que quizás algún día me llamarías…- añadió absurdamente

- ¿Para que?- preguntó ella con una breve y amarga risa - Ya me siento suficientemente miserable.

- ¿Ah si?- repuso él súbitamente ofendido- Pues no lo parece.

- Que no vaya llorando por las esquinas no quiere decir que… - trató de aclarar la chica, pero Azirafel ya no estaba escuchando, engullido por su propia tristeza.

- Todo seria más fácil si yo no existiera – mustió en un arrebato de sinceridad.

- No bromees con eso y deja de decir chorradas- lo reprendió ella sintiendo como se le helaba el corazón en el pecho - Las cosas a veces cambian y ya está.

- Digo lo que me da la gana y lo digo porque es cierto – le contestó él cada vez más molesto- Todo el mundo se alegraría.

- Ohh, por supuesto, porque eres el puto centro del universo- dijo ella sarcástica- No pienso hablar contigo en este estado, niñato egocéntrico.

- ¿Ni siquiera entonces verdad? Que yo ya no estuviese no seria suficiente para hacerte llorar- repuso Azirafel sintiendo que se le saltaban las lágrimas.

- ¡Que te calles la puta boca!- le gritó Tonya desesperada.

- ¡Puede que lo mande todo a la mierda! ¡Quizás entonces no me odies!- le gritó él a su vez y colgó abruptamente.

***

Habían pasado tres días desde la fatídica llamada de Azirafel. Bel y Eva habían hecho un buen trabajo. Hasta Danielle se había mostrado comprensiva pero, cuando Tonya ya creía que podría volver a comportarse como un ser humano funcional, llegó el mensaje de Lucifer.

Mientras ponía la moto a velocidades totalmente prohibidas por las calles de Londres trataba de dominar el pánico. Si le había hecho algo… Una chispa de locura se prendió en su mente. Si le había hecho algo, a esa rata asquerosa, no le bastaría todos los sótanos de la ciudad para esconderse.

Redujo la velocidad, aparcó al principio de la calle de Azirafel y se apostó allí hasta que lo vio salir. Recordó ponerse la capucha para ocultar su llamativa melena pelirroja, vigiló que línea de metro cogía él y dedujo su destino. Azirafel ya había abandonado sus estudios, pero sus amigas no. Arrancó de nuevo y se estableció a una distancia prudencial de las facultades.

Respiró aliviada al no percibir ningún rastro de los matones de Lu, pero aún así lo observó mientras se reunía con Michelle y Uriel.

Parecía estar bien, ni rastro de la peligrosa espiral de desesperación en la que parecía perdido la última vez. En general se sentía mas tranquila de que aquello solo fuesen estupideces fruto de la intoxicación etílica, pero una pequeña parte de ella sintió un doloroso pinchazo al pensar que quizá él ya la hubiese olvidado. No, no podía pensar así. Él tenía que olvidarla, ese era el objetivo de todo este asunto.

Estaba convencida de que había hecho lo correcto al decirle adiós. Había dado lo mejor de sí para cortar por lo sano. Le había dicho que no lo echaba de menos, pero aún así, al pensar él se sentía flotar, como drogada, inmersa en una potente sensación de irrealidad.

Volvió cada día durante casi una semana. Lo observó reunirse con algunas personas que le llevaban libros que restaurar y pasear junto a un joven rubio y atractivo. La primera vez que los vio encontrarse parecían incómodos, pero tras conversar la tensión inicial se disipó y se mostraban más animados.

Una y otra vez sentía que su mente vagaba hacia sitos donde no quería ir. Se imaginaba que era ella quien paseaba a su lado, que la rodeaba con un brazo y la atraía hacia él o que bailaban una lentamente como en una escena de una peli...

Entonces tenía que recordarse que había hecho bien en mantenerlo alejado, que no lo vigilaba porque la luz de Azirafel la atrajese como un neón en medio de la noche (no solo por eso). Lo observaba, bordeando la ilegalidad, porque la sombra de Lucifer era alargada y amenazadora.

Por eso mismo debería haberlo visto venir. No había ido al local y había estado evitando a Ligur y a Hastur. Tendría que haber previsto que habría una respuesta.

El sábado llegó a casa a última hora de la tarde sólo para encontrar a Eva en el portal. Se acercó a la carrera, asustada de la expresión en el rostro de la joven.

- ¡Eva! ¿Qué ocurre? ¿Estás bien?

- Si, pero no subas, vámonos – dijo la chica obviamente asustada.

- ¿Qué pasa arriba?

- Son esos tíos, esos amigos de tu ex. Llegaron y empezaron a destrozarlo todo…

Tonya sintió como se le revolvía el estómago y, envuelta en una mezcla de miedo e ira, echó a correr escaleras arriba. Entró en el pequeño apartamento como un vendaval sólo para encontrarse un auténtico caos. Hastur la esperaba apoyado en la encimera, satisfecho con el daño causado.

- Vaya, vaya… mira quien se ha dignado a aparecer – dijo pateando las teclas de su piano eléctrico esparcidas por el suelo.

- Eres… eres un hijo de perra – susurró Tonya sin aliento. No tenía muchas cosas, pero le eran muy preciadas. Había ahorrado meses para comprarse ese instrumento de segunda mano, cada una de sus posesiones era un pequeño trofeo, un recuerdo de que podía valerse por si misma o un regalo de alguien querido. Ver las tapas arrancadas del libro que Azirafel había restaurado para ella hizo que le temblasen las piernas. – ¡Largaos de mi casa! – gritó desesperada.

- Desde luego – dijo la grave voz de Ligur tras ella – Esto sólo ha sido un pequeño recordatorio, pero nos vamos ahora mismo, y tú te vienes con nosotros.

- Y una mierda – gruñó.

Hastur se le echó encima sin pensar en que Tonya tenía décadas de experiencia en esquivar intentos de agresión. Ligur trató de agarrarla de un brazo, pero ella consiguió zafarse y lanzarse a correr escaleras abajo. Tomó a Eva de la mano y la hizo apresurarse hacia la moto, aparcada solo unos metros más allá.

- ¡Tony! – gritó la voz de Bel tras ellas, pero no se detuvo y obligó a Eva a subirse al vehículo.

- ¿Lo sabías? – le gritó Tonya a su amiga poniendo en marcha el motor – Estabas al tanto de toda esta mierda.

- ¡No!- se defendió la otra, pero ella no la creyó.

- Que te den, Bel – le espetó y aceleró todo lo que pudo por las calles oscuras.

Llevó a Eva a casa de sus padres, ella no le ofreció quedarse allí, pero no podía culparla. La pobre chica debía de estar aterrorizada.

Condujo un par de manzanas sin rumbo antes de tener que parar a un lado de la calle. Las manos le temblaban y el corazón le latía desbocado en el pecho. No tenía a dónde ir, no tenía dinero y sus cosas no eran más que un montón de basura. De pronto tenía dieciséis años otra vez y volvía a estar sola y asustada.

***

Azirafel se dejó caer en el sofá sintiendo que su apartamento se le venía encima. Mientras estaba fuera de casa, aguatando los ‘te lo dije’ de Michelle y Uriel, o buscando libros que restaurar se encontraba más o menos normal, pero en cuanto volvía a casa sentía que se ahogaba en sus propios pensamientos.

Era como si allí ya nada le perteneciese, porque todo le recordaba a ella. No podía pensar en otra cosa, y lo que más le dolía era saber que ella no pensaba en él, que no quería saber nada más del estúpido niño pijo.

¿Cómo querría después de su última conversación? Se había comportado como un imbécil y aun encima ni siquiera había tenido el valor de disculparse. Por otra parte ¿de qué serviría? Si había habido alguna oportunidad de volver a verse él mismo se había encargado de destruirla. Si no lo odiaba antes, ahora seguro que sí, y con razón.

Entonces unos golpes en su puerta lo sobresaltaron devolviéndolo a la realidad. Refunfuñando, convencido de que era algún vecino quejica, se levantó con esfuerzo y abrió la puerta. La botella de cerveza que sujetaba se le escurrió entre los dedos derramando su cotenido en la alfombra, pero no podría importarle menos.

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Hate me (Miley Cyrus. Plastic Hearts)

High (Miley Cyrus. Plastic Hearts)

 

 

 

 

Chapter Text

Tonya lloraba en el descansillo, abrazándose a si misma, las lágrimas desbordando esos enormes ojos ambarinos. Sollozó y las piernas le temblaron, pero al instante los brazos de Azirafel estaban a su alrededor, alzándola en vilo con delicadeza y llevándola con él al interior del apartamento.

Ella se dejó hacer, no tenía fuerzas para nada más. Azirafel la sentó a los pies de su cama, le quitó la chaqueta y las botas y se arrodilló ante ella para mirarla a los ojos.

- ¿Estás herida?- preguntó mientras sus dedos acariciaban tímidamente su rostro surcado de lágrimas.

Ella negó con la cabeza y al instante los brazos del joven estaban a su alrededor, apretándola contra su pecho y presionado una mejilla contra su pómulo.

- Gracias a Dios – lo oyó murmurar- Ponte cómoda, voy a preparar un té y un baño – dijo él con seguridad.

Tonya quiso reír. Zira era un auténtico caballero inglés, todos los problemas del mundo se solucionaban con una buena taza de té.

Mientras ella sorbía el cálido líquido esperando a que se llenase la bañera Azirafel se sentó a su lado, acariciando su espalda en amplios círculos. Para haber compartido tanta intimidad el chico se mostraba muy retraído, pero era comprensible después de todo lo que había pasado entre ellos en las últimas semanas.

- ¿Quieres contarme lo que ha ocurrido? – preguntó él preocupado.

- Quizás… quizás dentro de un rato – respondió ella hipando levemente.

Permanecieron una junto al otro unos minutos, compartiendo un silencio que debería haber sido incómodo, pero que era mas bien plácido.

Azirafel la acompañó hasta el baño. Ella estuvo a punto de negarse, todo era ya suficientemente raro, pero aun temblaba un poco y estaba empapada en sudor por la tensión nerviosa, así que aceptó. Él salió del aseo mientras se desnudaba y se metía en el agua caliente, pero volvió a entrar para colocar una toalla y algunos productos de baño a su alcance.

Tonya lo siguió con la mirada y se mordió el labio inferior sintiéndose culpable por lo que estaba a punto de preguntar. Sabía que no debía, pero cada átomo de su cuerpo se moría por sentir el tacto de Azirafel.

- Zira… - dijo ella justo antes de que él saliese del cuarto de baño – Vas a odiarme por pedirte esto pero… ¿podrías meterte aquí conmigo?

El chico se dio la vuelta y la miró un segundo con una expresión inescrutable, pero enseguida la líneas de su rostro se suavizaron componiendo una leve sonrisa.

- Por supuesto, querida.

Ella pensó que se le iba a salir el corazón del pecho. Volvía a ser “querida”, aunque solo fuese por lástima.

Zira se desnudó doblando pulcramente cada prenda y ella no tuvo la fuerza de voluntad suficiente como para resistirse a mirar. Se echó hacia delante en la bañera, él se deslizó entre su cuerpo y la suave porcelana y ella suspiró aliviada cuando se encontró rodeada por esos fuertes brazos, su espalda contra el ancho torso y sus piernas entre las de él.

Debía ser realmente un ángel. Después de todo lo que habían pasado, después de todo lo que se habían dicho, allí estaba, dispuesto a consolarla y a hacerla sentir mejor. Tenía que mantenerlo a salvo, su criatura celestial debía ser preservada y protegida costase lo que costase. Tenía que ir a la policía y eliminar a Lucifer de la ecuación, aunque eso implicase que ella debía caer con él. Pero antes Zira debía entenderlo.

Allí sumergida en el cálido baño y rodeada en el tierno abrazo del joven se lo contó todo. Dónde conseguía Lu su mercancía, qué vendían y donde, cada local, cada discoteca y cada pub de mala muerte. También todo lo que había hecho ella, como había entrado en su juego, en el tráfico y la extorsión, y finalmente también lo que se había negado a hacer y las consecuencias.

Su piso y sus cosas destrozadas, no tenía trabajo, porque si volvía a él Lu sabría donde encontrarla, ni amigos, porque todos aquellos que habían llegado a ser su familia estaban del lado de Lucifer o atrapados en sus redes. Pensándolo fríamente, quizás la cárcel fuese el paso lógico.

Azirafel escuchaba el silencio. No porque no tuviese nada que decir, sino por todo lo contrario. Se estaba dando cuenta de que conocía a Lucifer Beast. No en persona por supuesto, pero conforme Tonya repasaba los garitos de Londres por los que se movían los integrantes de su perversa organización, Zira se dio cuenta de que había oído hablar de él antes y que, quizás, supiese más cosas que ella.

Parte del negocio familiar incluía locales de ocio nocturnos a los que él acudía como cliente. Más de una noche vio a algunos tipos vendiendo drogas y alertó a su madre, sólo para encontrarse con que ya lo sabía. Discutieron, una vez más de tantas. No entendía que ella estuviese al tanto y no hiciese nada, hasta que su abogada se lo explicó muy clarito.

El trapicheo en las discotecas es inevitable, chico, lo harán con el beneplácito de tu madre o sin él. De esta forma sabemos quien vende, qué vende y nos llevamos parte del beneficio.”

¿Así que es por eso? ¿Solo es por dinero?” había replicado él airado.

En absoluto” había dicho su madre con esa calma fría que él no había heredado “Es por el control. Ese camello de tres al cuarto mantendrá alejados a otros peores y se comportará como Dios manda si no quiere enfadarme, y créeme, hijo, no quiere. Debes comprenderlo, es el menor de los males

En el momento se había sentido muy ofendido y más desanimado aún de entrar en ese mundo al heredar los negocios de su familia, pero ahora, quizás, si se movía con cuidado, pudiese aprovechar su posición.

Y hablando de posiciones, Tonya, sumida de nuevo en el silencio, se removió entre sus brazos presionando su esbelto cuerpo contra el de él y rozando contra su sexo semi erecto. Era imposible que no lo hubiese notado.

- Lo… lo siento – balbuceó él

- Por favor, Zira, creo que ya hemos sobrepasado el punto donde esto es incómodo.

- No quiero que pienses que no te escuchaba – trató de defenderse, pero al mismo tiempo su cuerpo se tensó bajo ella buscando más contacto como por instinto.

Tonya sabía que era una malísima idea, y aún así no pudo ignorar la cálida sensación que se extendía por la parte baja de su vientre haciéndola estremecer. Frotó un muslo contra el otro tratando, sin éxito, de obtener algún alivio ante la creciente sensación de avidez. De pronto era dolorosamente consciente del pecho de Azirafel contra su espalda, una de sus manos sobre su cadera y otra en su vientre, de la presión de su miembro contra la curva de su espalda y de su cálido aliento en su oído.

Murmuró excitada y se volvió en el agua para enfrentar esos ojos grises bajo la luz del cuarto de baño. Se encontró al joven ruborizado, su respiración rápida y superficial, y con una expresión en el rostro que casi reflejaba un dolor físico. No besarla le estaba costando todo su autocontrol, pero fue la voluntad de ella la que se quebró primero. 

Cuando Azirafel se quiso dar cuenta los finos labios de la joven estaban sobre los suyos. No sabía cuando su cuerpo había decidido responder, pero allí estaba, devolviéndole el beso casi con furia. La mano en su cadera se ancló allí atrayéndola hacia él, y la otra recorrió su costado hasta acariciar con urgencia uno de sus tersos pechos.

- Querida… no debemos… - mustió él contra sus labios sabiendo lo poco convincentes que sonaban sus protestas.

- Ya… - respondió Tonya con voz temblorosa, pero no se apartó, sino que acarició sus labios con su lengua y se dispuso a explorar con ella el interior de su boca.

Él gruñó y se incorporó un poco en la bañera dejando que ella rodease su cintura con esas piernas infinitas y notando la suavidad de su vulva contra su miembro. Si hubo algún momento en el que resistirse fue una opción éste había pasado de largo hacía mucho. Ella era su perdición, podría acabarse el mundo en ese instante y él se fundiría con la inexistencia más feliz que en toda su vida.

Tonya se movió contra él necesitada de más contacto y el agua de se desbordó empapando el suelo. De pronto Azirafel se apartó de ella y salió de la bañera. Por un instante creyó que iba a rechazarla, pero al momento siguiente la tomó de las manos para ayudarla a salir también. Él la besó de nuevo, allí sobre el suelo empapando, y luego una vez más contra el quicio de la puerta del baño. No había más que unos metros entre el aseo y la cama, pero los breves segundos que tardaron en estar envueltos en las sabanas se les antojaron una eternidad.

El chico se echó sobre ella, más fiero y posesivo de lo que Tonya lo había sentido jamás. No la preocupaba, sabía que a una palabra suya volvería a tener el control. Lo puso a prueba.

- Zira… espera – susurró y él se incorporó inmediatamente buscando en su rostro cualquier rastro de incomodidad, pero sólo encontró una sonrisa traviesa.

Ella se estiró para alcanzar la mesilla de noche dónde sabía que el joven guardaba los preservativos y le tendió uno.

Azirafel pareció desconcertado un instante, pero enseguida entendió que no le estaba pidiendo que parase, si no que siguiese.

Sintió el deseo crecer de nuevo, imparable. Besó sus tiernos pechos, sus costillas, su vientre y enterró su rostro entre sus muslos para estimularla con su lengua.

Ella gimió y hundió sus largos dedos entre los rizos rubios de su compañero. Él gruñó de nuevo y sus manos agarraros esas estrechas caderas con tanta fuerza que casi le hacía daño. Tonya sabía que Zira nunca la lastimaría, en cierto modo era agradable confiar lo suficiente como para dejarse llevar.

En otras circunstancias él se habría tomado más tiempo, pero la avidez se convertía en auténtica desesperación. Se puso el preservativo y se alineó con ella, separando los labios menores con la cabeza de su miembro. Antes de que pudiera si quiera empezar a penetrarla Tonya ya estaba empujando sus caderas hacia él y enseguida se vio rodeado por su interior, tan cálido y húmedo que casi le hace perder el control.

- Ohh… querida – gimió y sumó sus propias embestidas a las de ella.

Enseguida se vieron inmersos en un ritmo frenético. Tonya lo rodeaba con sus piernas instándolo a alcanzar mas profundidad, más rápido, más fuerte… sus manos se anclaban en esos fuertes hombros como si su vida dependiese de ello y sus gemidos eran cada vez más altos y desesperados.

El chico sabía que no iba a durar mucho más, pero parecía que ella tampoco. En cuanto un grito de placer murió en esos labios, rojos como la sangre, el cuerpo de ella se tensó entre sus brazos, alcanzando el clímax y arrastrándolo a él también.

Azirafel ocultó su rostro en la curva de su largo cuello para sentir el particular aroma de ella y se vacío en su interior con un gruñido salvaje, inmerso en un orgasmo agridulce.

Yacieron uno junto a la otra recuperando el aliento. Fue ella la que rompió el silencio, hablando con un hilo de voz.

- Te he mentido – dijo, y él la miró desconcertado – Sí que te he echado de menos… lo siento – añadió contrita.

Azirafel apretó los dientes para ahogar un sollozo. Toda la culpa que había acumulado los último días y semanas se le vino encima

- Soy yo el que debería disculparse. Debería pedirte perdón por tantas cosas… Por la estúpida llamada del otro día… y por... por...yo… - desvió la mirada avergonzado, tomó aire y lo dijo de un tirón – Me he estado viendo con otra persona mientras tú y yo estábamos… bueno… juntos supongo.

- Lo se – respondió Tonya – El chico alto y rubio.

- ¿Cómo… ? – preguntó él mirándola con esos ojos azulados muy abiertos

- Te he estado siguiendo – confesó ella.

- ¿Qué? ¿Por qué?- preguntó confuso.

Por un momento Tonya pensó en mentirle, en justificarse de cualquier otra forma para no darle a Zira pistas sobre sus verdaderos sentimientos, pero no aguantaba más, no soportaba que la odiase. En el fondo deseaba que él supiese la verdad.

- Por Lu- dijo finalmente- Amenazó con hacerte daño si yo no hacía lo que me pedía.

 Azirafel se incorporó y la hizo volverse para mirarla a lo ojos.

- ¿Te preocupaba que me hiciese daño? – preguntó incrédulo.

Ella trató de desviar la mirada. Sabía hacia donde iba esa conversación.

- Tonya…- dijo él con suavidad – ¿Estaba él presente cuando hablamos por teléfono aquel día?

Los ojos de Tonya se llenaron de lágrimas de nuevo y Azirafel la abrazó con fuerza. Que estúpido había sido acusándola de ser fría cuando ella solo trataba de protegerlo. Él besó sus cabellos húmedos y su frente con infinita ternura y se tomó un momento para perderse en esos ojos dorados.

- Zira- sollozó ella – no podemos… es peligroso…

- Shh, no te preocupes por eso ahora – dijo acallándola con una caricia – Ya hablaremos por la mañana, si quieres. Ahora necesitas descansar.

Tonya se acurrucó contra su pecho aún necesitada de refugio y consuelo. Azirafel se preguntaba si alguien se habría tomado la molestia de dárselo alguna vez.

Apartó un rizo pelirrojo de su rostro mientras sus facciones se relajaban, conforme el sueño la iba venciendo. Él siempre había pensado que las personas son un reflejo del entorno en el que se desarrollan pero, tras conocer a Tonya, debía reconocer que había estado equivocado. ¿Cómo si no podría existir alguien tan noble en un contexto tan hostil como el de ella? Debía dejar de culpar a su propia crianza de sus defectos y afrontar la realidad de una vez por todas. Podía hacer algo para mejorar la vida de Tonya e iba a hacerlo.

Procurando no despertarla se levantó, se vistió y salió a la calle. Mientras caminaba escribió a unos conocidos. Sabía que estaban de fiesta y que frecuentaban los locales de su madre. Podrían ponerlo al día de quien se estaba moviendo por allí.

Su rostro se reflejaba al pasar en los cristales de los edificios, oscuros en medio de la noche. La imagen que le devolvían le decía que había sido una noche larga, que debía irse a casa, pero hacía mucho que no se sentía tan bien. Hacía mucho que no sentía que estaba haciendo lo correcto.

El móvil vibró en su bolsillo y un compañero de la facultad le confirmó que Lucifer Beast estaba en el Edén, un pub a dos calles de allí. Se sorprendió al sentirse confiado. Había elegido el camino de la media noche y lo recorrería con la cabeza bien alta. No tenía miedo a pesar de que sabía que debería tenerlo. Si daba un paso el falso era muy posible que le diesen una paliza. Rezó en silencio para que Beast fuese tan estúpido.

***

Lucifier salía del Edén por la puerta trasera, como era habitual. Ligur y el nuevo, Eric, comprobaron el callejón y él salió, con Hastur y Bel pisándole los talones. Entonces la silueta de un hombre se recostó contra la luz de la calle principal. Pensó en volver a dentro por si era un poli pero cuando se acercó un poco más lo reconoció. Una malévola sonrisa se dibujó en su rostro. Al final el niño pijo había venido a él. Perfecto.

 

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Azirafel avanzó hacia el grupo de personas que lo observaban desde la oscuridad del callejón. Vio al chico negro corpulento, al delgaducho del pelo raro y a uno más, de piel bronceada y largas pestañas. También vio a Bel, la amiga de Tonya, que nada más reconocerlo desapareció de nuevo en el interior del pub.

Y en el medio de todos, como un rey entre sus siervos, estaba Lucifer. Era un joven menudo con los cabellos negros y lacios enmarcando un rostro inexpresivo. A primera vista podía parecer inofensivo, pero había algo en él que hacía saltar todas las alarmas. Quizás esos ojos como pozos sin fondo o esa posición de su cuerpo, como una bestia a punto de atacar.

- ¿Lucifer Beast?- preguntó Zira con educación – Me gustaría que intercambiásemos una palabras, si no es mucha molestia.

El otro rió con ganas – Así que tú eres el capullo que se está follando a mi novia – dijo con sorna.

Azirafel chasqueó la lengua – Solo dos de tres – repuso fingiendo decepción – He de reconocer que soy bastante capullo y que puede que me haya acostado con Tonya, pero desde luego, ella no es nada tuyo. Precisamente de eso es de lo que tenemos que hablar.

- ¿Te envía Tony?- Lucifer ladeó la cabeza curioso.

- Sabes perfectamente que no.

- Entonces no creo que tenga nada que discutir contigo. Estaba delante la última vez que hablasteis, cuando te puso en tu sitio. No significas nada para ella, ya ha tomado su decisión.

Si ella no le hubiese contado toda la historia habría empezado a dudar de estar haciendo lo correcto, pero no se permitió flaquear. Necesitaba una reacción muy concreta.

- Querrás decir que la has coaccionado para que tome la decisión que a ti te conviene.

- Tú lo llamas coaccionar y yo hacerle ver la realidad de su situación.

- No lo diré dos veces. No quiere trabajar para ti y no quiere una relación contigo, así que te agradecería que la dejases en paz – dijo Zira con un seguridad en la voz que le sorprendió hasta a si mismo.

De pronto Lucifer ya no parecía divertido, sino enfadado. Rechinó los dientes y le dirigió una mirada que podría haberlo atravesado.

- ¿Pero tú quien te crees que eres? – dijo en un siseo- Tonya es mía. Yo la saqué del pozo de mierda que era su vida. Ahora me lo debe y le va a tocar a pagar, de una forma u otra.

Azirafel respiró para controlar su temperamento, un paso en falso podía ser fatal. Debía mantener la sangre fría, pero el despreció en la voz del otro joven estaba despertando una rabia en él que creía dormida hace mucho.

- Te prevengo, Beast- bramó- Te conviene hacerme caso, pues no te gustarán las consecuencias.

Lucifer estalló en una carcajada maniaca. - ¿Te atreves a amenazarme? ¿Estás loco o sólo eres imbécil?

Mientras hablaban vio al chico de las pestañas largas moviéndose a su alrededor, colocándose en una posición ventajosa a la espera de las órdenes de Lucifer.

Zira era consciente del aspecto que tenía. Redondeado, suave y educado, enfundado en una camisa beige y una chaqueta tweed con coderas. Inofensivo, aparentemente.

- Probablemente ambas, pero aún así… - dijo recuperando su tono despreocupado, al mismo tiempo que se tensaba para responder a lo que estaba por venir.

El gesto de Beast fue casi imperceptible, pero sus matones estaban bien entrenados.

Eric se abalanzó sobre él para descargar un puñetazo desde un lado, pero no alcanzó más que aire. Azirafel lo agarró de la chaqueta y barrió bajo sus pies con sus zapatos impecables. Sin saber como el chico se encontró cayendo al suelo dolorosamente. El impacto de su espalda contra el asfalto le cortó la respiración.

Azirafel hizo un gesto para ayudarlo a levantarse, pero enseguida vio que su deportividad no era aprecida. Hastur saltó sobre él como un salvaje. Zira luchó contra el impulso de retroceder y, doblándose por la cintura lo embistió, haciéndolo rodar sobre su propia espalda y caer al suelo. Se volvió buscando a Ligur y maldijo al ver el brillo de una navaja bajo la tenue luz de la farola del callejón. Evitó un tajo y se las arregló para encajarle una patada en el pecho, manteniéndolo a distancia mientras pensaba en como deshacerse del arma.

Mientras, Eric había conseguido levantarse por si solo y se decidió por un ataque más prudente, pero igual de desafortunado. Azirafel lo bloqueó y le propinó un puñetazo en el estómago. Sin detenerse esta vez giró sobre si mismo para esquivar otra puñalada que solo hendió el aire.

Respiró hondo y aprovechó su posición, en ángulo con su atacante, para a atrapar el brazo de Ligur entre el suyo propio y su costado, inutilizando al fin la navaja. El otro trató de liberarse. Golpeó con fuerza su costado una y otra vez con el brazo libre, pero Zira aguantó y apretó el miembro atrapado en su agarre, girándose para hacer palanca contra el hueso que amenazaba con quebrarse por la presión.

Ligur gritó de dolor y soltó el cuchillo antes de que le rompiese el brazo. Azirafel le dio una patada al arma, que fue a parar bajo un contenedor, y trató de quitarse a Ligur de encima. Éste lo agarró por la chaqueta y consiguió propinarle un rodillazo entre las costillas. Se removió frenético, consciente de que su suerte se había acabado, de que, al fin y al cabo eran tres contra uno. Recibió un puñetazo de Hastur en toda la cara y cayó al suelo.

En un primer momento trató de levantarse, pero los otros estaban demasiado cerca. Tratando de minimizar los daños se hizo un ovillo, se cubrió la cara con los brazos y esperó la primera patada, pero esta nunca llegó. En vez de eso el ruido de un motor inundó el aire.

Entre las piernas de sus atacantes vio una moto derrapar en la entrada del callejón. Tonya, bañada en la parpadeante luz artificial y con su melena pelirroja alborotada por el viento, parecía una criatura del inframundo, enviada a la Tierra para castigar a los pecadores.

La chica se bajó de la moto gritando improperios sobre el sonido del motor al ralentí. Agarró la llave de tubo de juego de recambio y se dirigió hacia el grupo con la herramienta en ristre.

- ¡Apartaos de él, hijos de perra!- bramó enloquecida y ninguno de ellos tuvo el valor de desobedecer. Tonya era delgada, pero también alta y fibrosa. Sabían que un golpe con esa llave podía tener consecuencias, cuando menos, muy dolorosas.

Llegó a la altura del chico que aun yacía en el suelo.

- Azirafel, arriba – dijo ella tratando de controlar el temblor en su voz.

Él le hizo caso, levantándose con esfuerzo, resintiéndose de los golpes recibidos, pero cuando se alzó olvidó el dolor. Lucifer lo miraba como quien está a punto de comprender algo y, a pesar de tener el labio roto, Azirafel no pudo evitar sonreír. Acababa de oír su nombre y estaba empezando a comprender que, quizás, hubiese cometido un grave error.

Tonya no se fijó, estaba demasiado ocupada manteniendo a raya a los matones. Empezó a retroceder lentamente, empujando al chico hacia la moto. Sus ojos dorados miraron a los que había creído sus amigos uno por uno. Su última mirada fue para Lucifer y destilaba tanto veneno que el joven hizo ademán de retroceder un paso.

***

Azirafel asió con fuerza las agarraderas de la moto. Tonya conducía tan rápido que le daba la impresión de que iba a salir disparado en cada curva.

- ¿PERO A TI QUÉ COÑO TE PASA? – le gritaba ella sobre el rugido ensordecedor del motor - ¡ERES ESTÚPIDO! ¿CÓMO ALGUIEN TAN LISTO PUEDE SER TAN ESTÚPIDO!

- Gira en la siguiente – dijo él ignorando la salida de tono.

- ¿QUÉ…?

- ¡Que gires en el cruce! ¡Quieres hacerme caso por una vez!- repuso empezando a perder la paciencia.

- ¡Obviamente no!- contestó ella, pero giró donde él le decía.

A regañadientes fue siguiendo las indicaciones del chico hasta que se detuvieron ante la vieja librería del tío de Zira. Él sacó un juego de llaves y abrió la puerta principal.

- Después de ti – dijo franqueándole el paso a Tonya.

***

Azirafel se dejó caer en una polvorienta butaca y la chica se entretuvo observando el amplio espacio, atestado de estanterías repletas miles de libros. Lo siguió a la trastienda y se sentó frente a él, en un gastado sofá.

- Sabes que nos van a matar ¿verdad? – dijo ella aún molesta.

- No, que va. En absoluto- repuso él frotándose la cara. Una vez ocultos en un lugar seguro todo el cansancio se le estaba viniendo encima.

- ¿En serio crees que, porque nos libramos de esta hoy, ya ha pasado todo? ¿Por qué estás tan seguro?

Entonces el chico sonrió. No era su habitual expresión amable ni esa sonrisilla traviesa. Era la mueca de un auténtico bastardo.

- Porque hoy Lucifer ha vivido un hecho atípico. Querrá saber que ha pasado, hará unas llamadas y no le va a gustar nada lo que va a descubrir.

Tonya lo miró durante unos segundos interminables.

- ¿Quién coño eres tú? – preguntó ella, súbitamente intimidada. - ¿Cómo te apellidas? – añadió. No quería que el chico buscara una forma creativa de contestar sin decirle lo realmente importante.

- Esterngate- reconoció él - Azirafel Esterngate.

La chica parpadeó lentamente.

– Eres el hijo de Isabella Esterngate – repuso con un hilo de voz.

Él asintió. No estaba de humor para discutir sus lazos de sangre, pero Tonya se había arriesgado para sacarlo de aquel callejón y le debía respuestas.

- Eres el dueño de medio puto Londres – añadió empezando a sentirse mareada.

- Ella Esterngate lo es – puntualizó – Y sí, es justo lo que imaginas. Beast vende su mercancía en los clubs con el beneplácito de mi madre. Si, por algún motivo, ella dejase de consentirlo su negocio sufriría un duro golpe. No se atreverá a tocarnos.

Un pesado silencio se instaló entre ellos. Tonya tenía mucho que procesar. Sabía que Zira venía de una familia pudiente, pero esto era otra categoría. Tenía razón, Lucifer jamás se atrevería a meterse con los Esterngate a sabiendas, pero ¿eso en que posición la dejaba a ella? Un oscuro pensamiento floreció en su mente. Quizás, después de todo, solo hubiese cambiado un amo por otro.

- Así que ahora estoy atrapada aquí – dijo con amargura – Solo estoy viva mientras esté contigo.

Azirafel se incorporó alarmado, el cansancio se había disipado en el acto. No se le había ocurrido que ella pudiese interpretarlo como algún tipo de chantaje y la idea le causó una repulsión inmediata.

- ¡NO! – exclamó arrodillándose ante ella y tomándola de las mano – Querida, necesito que comprendas bien esto, que no te quede ninguna duda al respecto. No se qué somos, no necesito ponerle un nombre, solo se que te adoro. Entiendo que me he comportado como un capullo…

- No Zira… - lo interrumpió ella sorprendida por la reacción del chico y sintiéndose culpable de repente.

- Por favor, déjame terminar – dijo él, sabiendo que si no hacía esto ahora mismo siempre quedaría la sombra de la duda entre ellos – Nadie va a hacerte daño mientras yo pueda evitarlo, y eso es incondicional, aunque salgas ahora mismo por esa puerta y no quieras volver a verme jamás. ¿Entendido?

Ella parpadeó para contener unas inesperadas lágrimas y asintió. -Si decido quedarme… -mustió, pero de pronto no supo como terminar la frase. Cogió aire y miró alrededor como si buscase una pista en la decoración de la vieja librería – Creo que necesito algo de tiempo- dijo al final.

- Por supuesto, querida- la tranquilizó él – Todo el que precises.

Azirafel se levantó con una mueca de dolor sujetándose el costado.

- Estás herido – dijo ella levantándose también, olvidando su angustia al ser consciente del estado físico de él.

- Es sólo una contusión – repuso el chico restándole importancia y Tonya levantó una ceja escéptica- Puede que una fisura – reconoció- pero el cualquier caso, solo necesito descansar. Y tú también. Te prepararé el cuarto de arriba y yo me quedaré con el sofá.

Tonya chasqueó la lengua y puso los ojos en blanco exasperada.

- Por favor, Azirafel. No seas absurdo – lo reprendió cogiéndolo de la mano y lo arrastró hacia las escaleras que subían al piso superior.

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Edge of midnight (Miley Cyrus. Plastic Hearts) 

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El pequeño apartamento también estaba abarrotado con objetos de toda clase. Muebles, cuadros y alfombras se apilaban unos sobre otros y contra las paredes sin ningún orden. Tonya tuvo que reprimir el impulso de curiosear entre el revoltijo de cosas acumuladas y siguió avanzando hacia lo que debía de ser el dormitorio. El somier de la cama había sido desmontado y el colchón estaba colocado directamente sobre el polvoriento suelo.

Azirafel soltó su mano para sacar de una maleta un juego de sábanas limpio. Juntos hicieron la cama en silencio, demasiado cansados para conversar, pero cuando el chico comenzó a desnudarse e hizo una mueca de dolor, Tonya no pudo callar más. Su costado estaba rojo e inflamado, casi podía distinguirse las marcas de cada golpe en particular. Pronto estaría totalmente amoratado.

- ¿Por qué? – preguntó desconcertada.

- ¿Por qué que? – repuso él sentándose con cuidado en el colchón y tratando obviamente de desviar el tema.

- ¿Por qué fuiste al encuentro de Lucifer a sabiendas de que te iban a dar una paliza?

- Yo no diría que fue a sabiendas. Por un momento pensé que podríamos arreglarlo sin llegar a las manos, pero la cosa se torció enseguida – dijo suspirando con cierta tristeza – Bueno, de todas formas valió la pena.

- ¿Qué valió….? Zira! Tienes las costillas rotas!

El chico se tumbó con un gruñido, tapándose con la fina sabana.

- Eso lo dudo seriamente.

- ¿Ah si? ¿Y como estás tan seguro?

- Porque he tenido varias costillas rotas antes y duele más.

Tonya se tumbó a su lado y escrutó su rostro con preocupación.

- ¿Cómo? – preguntó con un hilo de voz

- ¿Recuerdas que te conté que me lo había pasado en grande con un par de chicos del equipo de lucha? Pues cuando el resto se enteró ya no fue tan divertido. – dijo él con amargura.

Tonya rechino los dientes enfadada.

- Los acosadores son lo puto peor… ¿Alguien hizo algo al respecto?

- Sí, yo mismo. No fui el único que acabó en el hospital ese día y ya no les quedaron ganas de intentarlo de nuevo. – el chico sonrió tristemente – Además Uriel y Michelle amenazaron a todo el mundo con no volver a invitarlos a sus fiestas si se metían conmigo, y eso surtió un efecto instantáneo.

- Bueno, quizás no sean unas auténticas arpías después de todo – repuso ella con una sonrisa maliciosa

Azirafel chasqueó la lengua pero no pudo evitar sonreír.

- Gracias por sacarme de allí – dijo Zira al cabo de un rato, pensando en como podrían haber salido las cosas si Tonya no hubiese aparecido.

- Gracias por sacar a Lucifer de mi vida – repuso ella con una sonrisa triste.

- Por cierto- dijo él de repente - ¿Cómo supiste donde encontrarme?

- Bel me llamó

- Oh, vaya. Supongo que tampoco es una auténtica arpía entonces – añadió.

Los dos rieron y se acomodaron entre las mantas. El chico se adormeció enseguida, pero Tonya permaneció despierta mucho tiempo, escuchando su queda respiración y observando ese perfil tan característico bajo tenue luz que se filtraba por la ventanas.

Confiaba en Zira, sabía que decía en serio lo de que la protegería aunque decidiese marcharse. Decisiones. A eso se reducía todo al final.

En la oscuridad encendió su teléfono y buscó el nombre completo del joven que dormía a su lado. Enseguida encontró la página web del colegio privado donde había cursado él sus estudios y vio que hacían un seguimiento de sus alumnos más ilustres. El vástago de los Esterngate estaba entre ellos, desde luego.

Tonya nunca se había podido permitir el lujo de decidir. La vida la había zarandeado en todas direcciones y ella había hecho lo posible por mantenerse a flote, pero Azirafel podría haber hecho cualquier cosa. Títulos deportivos, unas notas espectaculares y una de las la familias más ricas del país, el pasaporte hacia el éxito, pero había decidido invertir todo lo que tenía en una polvorienta librería, llena de volúmenes invendibles.

Suspiró confusa. Nunca se le había dado bien tomar decisiones. Siempre había sido demasiado lábil, impulsiva y el impulso en este caso era muy difícil de ignorar. Quería abrazarlo, sentir los latidos de su corazón, su respiración, oír esa voz grave y dulce que le decía que todo iba a salir bien…pero se sentía tan rota que no sabía si debía quedarse. No sabía si podía quedarse.

Cuando el cielo comenzó a clarear se levantó y bajó a la planta principal. Las estanterías parecían susurrar bajo el peso de los libros, la luz que se filtraba por las vidrieras proyectaba formas caprichosas en las motas de polvo en suspensión.

Recorrió la tienda, los intrincados pasillos entre las estanterías y, al llegar a la trastienda, reparó en el piano del rincón. Era un instrumento de pared, tan viejo como el resto del mobiliario, pero al diferencia de lo demás no había rastro de polvo en él.

Azirafel se despertó sobresaltado al no sentir el cuerpo de Tonya junto al suyo. La fatalidad cayó sobre él y el corazón se le hizo un nudo. Se había ido, seguro que… Entonces le llegaron las tenues notas del piano desde la planta baja y el alivio fue tal que temió que se le saltasen las lágrimas.

Se levantó con esfuerzo y bajó las escaleras sin hacer ruido. La chica solo llevaba una camiseta y ropa interior, y él podía ver como se tensaban los músculos de sus hombros y su espalda cuando sus manos recorrían las teclas del instrumento con destreza. Su voz, no muy limpia, pero perfectamente entonada empezaba a llenar el aire a su alrededor.

 I woke up in Montecito

I was thinkin’ about my life

And the questions made more questions

Starin’ out into the night

Yes, I’ve worn the golden G-string

Put my hand into hellfire

I did it all to make you love me and to feel alive

Las palabras prestadas le traían esperanza. ¿Serían esos sus sentimientos en realidad? ¿Quería que él la amase? ¿Se sentía viva allí a su lado?

A él tambien le surgían preguntas, pero si se quedaba encontrarían juntos las respuestas.

Avanzó lentamente y se sentó a su lado en el banco del piano. Ella le dirigió una media sonrisa pero no dejó de tocar.

Oh, that’s just the world that we’re livin’ in

The old boys hold all the cards and they ain’t playin’ gin

You dare to call me crazy, have you looked around this place?

Él le devolvió la sonrisa pensando que tenía razón. Miró alrededor, a las anticuadas molduras y las toneladas de papel amarillento, convencido de que en algún momento debía de haber perdido la cabeza.

I should walk away

Cantó ella ya sin sonreír. Durante un instante parecía que iba a para de tocar.

Zira cerró los ojos esperando el golpe. Contuvo la respiración en una plegaria inconsciente a un poder superior, pero la voz de ella cogió fuerza de nuevo, repitiendo el verso.

Oh, I should walk away

But I think I’ll stay

Fue como un rayo atravesando su columna vertebral. Abrió los ojos y durante un segundo solo pudo mirarla. Sus cabellos pelirrojos, rizados y revueltos tras una larga noche, su rostro fino y cubierto de pecas, como constelaciones en el cielo nocturno y sus ojos, esos ojos avellana, ambarinos a la luz del sol, dorados bajo las lámparas de la librería… Sin pensarlo dos veces se inclinó hacia ella y la besó en los labios. El piano hizo un sonido extraño y entonces sus largos brazos estaban alrededor de sus hombros mientras ella le devolvía el beso sin rastro de duda o vacilación.

Se habían besado decenas de veces antes, pero ese beso en concreto les resultó diferente. Se sentía como el principio de algo, aunque nada de aquello tuviese nombre todavía.

Tonya notó como él reía contra sus labios. Se separaron unos milímetros y la risa clara del chico la hizo reír a ella también.

Reposaron sus frentes juntas durante unos instantes y luego Zira se incorporó, haciendo ademán de cogerla en brazos, pero ella lo detuvo.

- No acabamos en urgencias ayer de milagro y no quiero tener que ir hoy, así que no hagas estupideces.

Él le tendió la mano entonces y ella la tomó, acompañándolo al desgastado sofá de la trastienda.

- No me pidas imposibles – bromeó él.

Se sentaron un junto a la otra y ella busco la forma de apoyarse contra su pecho sin lastimarlo. Compartieron un apacible silencio, sintiéndose por fin en paz con el mundo, pero entonces Azirafel pensó que, ahora que iba a quedarse, quizás tuviese que compartir en voz alta algunas cosas.

- Querida, si planeas quedarte conmigo debo advertirte que estoy en la más absoluta ruina – dijo con tristeza.

Ella se encogió de hombros sin darle importancia. Había estado en situaciones peores.

- Yo tengo algo ahorrado. Si nos apretamos el cinturón podremos sobrevivir hasta poner en marcha este sitio.

Zira suspiró desanimado mientras sus ojos vagaban por los cristales sucios, las alfombras polvorientas y las estanterías abarrotadas.

- Ni siquiera tengo suficiente para hacer que lo limpien…

- Pues tendremos que arremangarnos y hacerlo nosotros.

- Tardaremos siglos…

- Has dejado la carrera y yo estoy en el paro ¿a caso tenemos algo mejor que hacer?

***

Habían pasado un par de días haciendo habitable el apartamento sobre la librería y trayendo las cosas de Azirafel de su antiguo piso. Para sorpresa de Tonya los amigos del chico se prestaron a echarles una mano, incluso Uriel se mostró amable con ella.

Al amparo de la noche Tonya y Zira, tomando prestado el coche de Gabriel, volvieron al apartamento de la chica para recuperar lo que aun pudiese ser salvado, incluido un volumen de Romeo y Julieta. Es posible que no pudiese ser reparado completamente de nuevo, pero era parte de su historia y, como muchos otros libros, a priori inservibles, merecía ser concervado.

Cuando quisieron darse cuenta estaban instalados en la librería con la sensación de que siempre había sido su hogar.

Poner todo en marcha iba a ser un auténtico reto. Debían vaciar la tienda y limpiarla, catalogar los libros y separa los que podían ser vendidos de los que no. Esto último resultó especialmente complicado, pues Azirafel parecía no querer deshacerse de nada.

- No, este ni hablar – dijo el chico poniendo a un lado una viejísima edición de “El retrato de Dorian Gray” – debe de haber otros ejemplares por ahí. – añadió señalando hacia la parte central de la librería.

Tonya resopló hastiada. Llevaban horas discutiendo sobre el contenido de las cajas bajo el mostrador. No quería ni pensar lo que pasaría cuando empezasen con las enormes estanterías.

- Azirafel, ¿eres consciente de como funciona una tienda? – dijo ella con retintín.

Él desvió la mirada ofendido, negándose a responder. Obstinado, se levantó del suelo para ocuparse de la tetera eléctrica que había empezado a borbotear en la cocinita del piso de abajo.

- ¡Consiste el intercambiar bienes y servicios por dinero! – le gritó ella desde el mostrador sin poder ocultar la hilaridad que le producía ver al chico enfurruñado.

    ***

Las estanterías sí fueron el infierno. Empezaron a primera hora y, a media mañana aún no habían llegado a la mitad de la primera.

Azirafel preparó un té y se dedicó a clasificar una tanda de libros más mientras Tonya limpiaba a fondo los estantes.

La chica estaba inclinada sobre una escalera de tres peldaños tratando de alcanzar el fondo de un estante intermedio cuando un sonido extraño la hizo volverse.

- Mierda – juró Azirafel.

Zira no decía palabrotas casi nunca y a Tonya le resultaba una delicia oírlo maldecir. La risa se le congeló en la garganta sobrepasada por otra emoción menos inocente.

El joven se había derramado parte del te por encima y trató sin éxito de secar la ropa con una servilleta. Era extraño verlo así vestido, solo con unos pantalones de deporte y una camiseta blanca. A Tonya le resultaba curiosamente sexy. Suponía que era porque, en contraste con su vestimenta habitual, iba prácticamente desnudo.

Al ver que la mancha de té no colaboraba Zira se quitó la camiseta en un movimiento repetido miles de veces, exponiendo su torso, su amplio pecho y sus fuertes brazos. El hematoma estaba curando bien, ahora solo era una marca amarilla en el costado. El chico chasqueó la lengua irritado y la precisa musculatura se tensó bajo su piel pálida.

A Tonya se le secó la boca mientras sentía humedecerse otras partes de su anatomía. Reprimió un “ngk” y trató de volver al trabajo. Era ridículo. Ponerse así por un gesto tan mundano ¡Ni que tuviese quince años! Respiró hondo, pero su cerebro se negó a apartar las imágenes que había empezado a evocar el incidente. ¿Cuántas veces se habían acostado? ¿Cuatro o cinco? Claramente no las suficientes al parecer.

Azirafel se secó con la servilleta preguntándose como podía ser tan torpe. Se quitó la camiseta y la dejó a un lado con fastidio. Sabía que Tonya lo estaba mirando aunque él mismo procurase no mirar en su dirección. Seguro que ya estaba preparando algún comentario mordaz al respecto. En realidad no le molestaba, era un rasgo de personalidad que parecía hacerse más patente cuando ella estaba contenta y tranquila.

La chica no dijo nada y, al final, él la miró extrañado. Tenía medio cuerpo dentro del profundo estante y limpiaba la madera con más fruición de la necesaria.

Azirafel dejó vagar la vista por ese cuerpo delgado y terso. La finísima tela gris de sus leggins no acertaba a ocultar sus formas. Inclinada como estaba sobre la escalera sus piernas kilométricas y sus nalgas pequeñas, perfectamente redondas, atrapaban su atención. Entonces lo vio. Una marquita de humedad entre sus muslos que resolvía el misterio de por qué su insidiosa compañera estaba tan callada.

Sonrió con malicia, dejó lo que estaba haciendo y se acercó a la chica en silencio. Cuando posó sus manos en sus caderas ella dio un respingo sobresaltada.

- ¿He interpretado mal la situación?- preguntó él con voz grave. Con un pulgar acarició su sexo sobre la tela y Tonya no fue capaz de reprimir un gemido.

- No – confesó ella a regañadientes.

- Perfecto – murmuró él si poder evitar rozar su incipiente erección contra esos muslos.

Decidió postergar su propio placer y se arrodilló, tirando de las finas mallas y exponiendo la vulva de ella. Antes de que la chica pudiese hacerse a la idea la lengua de él separaba sus labios y acariciaba con habilidad los pliegues de se sexo.

- Oh, joder – exclamó ella excitada. Solo había sido un lametón y ya sentía temblar sus piernas. Se aferró al borde de las estantería y se dejó hacer.

Azirafel la devoró como si fuese su plato favorito. Su lengua estimulaba su entrada o bajaba más para ocuparse de su clítoris. En unos minutos ya resultaba insuficiente. Necesitaba sentirlo entre sus brazos, sobre ella, dentro de ella…

- Ziraa, ah…- empezó ella- AH, MIERDA – maldijo ante un lametón especialmente acertado- ¡ARRIBA AHORA!

Él rio pero se levantó volviendo a colocar las mallas en su sitio. Tonya bajó de la escalera y lo besó profundamente. Podía sentir el calor irradiando del cuerpo de él, su miembro presionando contra el hueco de su cadera, su respiración rápida y superficial y supo que estaba tan desesperado como ella.

Se apresuraron escaleras arriba, hacia su cama, que seguía siendo un cochón en el suelo, parándose un par de veces en el camino para acariciarse sobre la ropa. Tonya buscó un preservativo en la maleta sin deshacer del chico y se arrodilló sobre las mantas. Él hizo ademán de acompañarla pero ella lo detuvo.

- Espera – dijo con una sonrisa traviesa- te debo una.

Tiró de los pantalones de chándal descubriendo su imponente erección y se ocupó en lamerla desde la base hasta la punta. Ahora le tocó al chico gemir. Abrió y cerró los puños, reprimiendo el impulso de tomar esos cabellos pelirrojos entre sus dedos y echó la cabeza hacia atrás, deleitándose en la sensación.

- Ohh, querida… así no vamos a acabar de limpiar jamás.

- ¿Quieres que pare? – preguntó ella masturbándolo lentamente, aprovechando la lubricación de su propia saliva.

- ¡Santo Dios, no! ¡Quiero hacértelo ya!

Tonya rio y le puso el condón con destreza. Él se arrodilló junto a ella y le quitó la camiseta para acariciar directamente sus pechos.

- Date la vuelta – dijo, su voz grave y jadeante por la pasión del momento.

La chica obedeció, quitándose las mallas y colocándose a cuatro patas, completamente expuesta ante él. Casi pudo oír como se relamía.

Se alineó con ella y exhaló al sentirse envuelto por la cálida entrada. Era como si encajasen, como volver a casa. Se inclinó sobre su espalda para acariciar con su nariz el lóbulo de su oreja y depositar un beso tras otro en su fino cuello. Deslizó las manos por su torso maravillándose en la suavidad de su piel cubierta de pecas y acariciando esos pechos firmes.

- Muévete – pidió ella, y él obedeció.

- ¿Sabes en que pensaba mientras ahogaba tu ausencia en alcohol? – preguntó el chico con voz ronca por el deseo, mientras la penetraba una y otra vez, buscando en su interior el punto que la hacía gemir – Pensaba en aquella vez detrás de la cafetería, en el callejón. Nunca antes había hecho algo así, en un sitio público, a plena luz del día… Oh querida, ese momento ha alimentado mis fantasías.

Tonya se arqueó gimiendo – Yo tampoco, pero ese día no podía esperar… cuando estoy contigo, Zira, no puedo controlarme.

El chico gimió sin contenerse y aceleró el ritmo de sus embestidas. Tonya agarraba con fuerza las sábanas, perdida en el ritmo que él marcaba. Podía notar toda su longitud acariciando los lugares más sensibles, acercándolos a ambos al alivio pero de pronto no era suficiente.

- Espera- dijo ella mirando por encima de su hombro

Azirafel, tan considerado como siempre, se detuvo y soltó esas estrechas caderas, permitiéndole que se moviese a su antojo.

Ella se volvió, lo hizo sentarse en el colchón y se sentó a horcajadas en su regazo, volviendo a penetrarse en su miembro y empezando a moverse casi al instante. Sus largos dedos acariciaron las mejillas sonrosadas del chico.

- Necesito verte – dijo con voz trémula por las sucesivas oleadas de placer que traspasaban su cuerpo – No hay nada más hermoso que esos ojos tuyos, mi ángel.

Azirafel emitió un sonido ahogado, mitad gemido y mitad sollozo.

- Esos labios tan dulces que me hacen perder la cordura (ahh, joder) y este cuerpo fuerte y suave a la vez que me lleva al mismísimo cielo – continuó mientras se acercaba irremediablemente al orgasmo.

El chico pensó que jamás le había dicho nada parecido. La sensación de puro amor que le despertaba oírla hablar así hacía que se le encogiese el corazón.

Enseguida ella alcanzó el clímax, temblando entre sus manos y él la siguió momento después, dejándose ir bajo sus besos y caricias.

Cayeron exhaustos uno junto al otro, tratando de recuperar el aliento y buscándose de nuevo necesitados de prolongar el contacto todo lo posible.

Tonya lo besó con extraña desesperación, una mano en su mejilla y la otra entre sus rizos rubios manteniéndolo contra sus labios, como si fuese el último beso, o quizás el primero.

- Te quiero – murmuró ella entre su trabajosa respiración, casi por descuido. En el acto sus ojos avellana, preñados de pánico, se clavaron en los de grises de él.

La chica reprimió el impulso de cubrirse la boca con la mano para ocultar su lapsus y en vez de eso le dedicó una mirada desafiante, retándolo a burlarse de ella.

Azirafel solo se tomó un segundo para recuperarse de la sorpresa. El creciente afecto entre ambos era evidente, pero jamás hubiese pensado que ella fuese a ser la primera en decirlo en voz alta.

Una expresión de intensa ternura se adueñó de su rostro y acarició uno de sus pómulos cubiertos de pecas.

-Oh, por supuesto que sí, querida. – dijo con dulzura -Tienes un gusto nefasto para los hombres. Por suerte yo tengo un gusto excelente para las mujeres.

Tonya pestañeo y soltó una carcajada que inundó la habitación con el sonido más hermoso de la creación.

Azirafel la besó de nuevo entre risas y los dos rodaron por el colchón envueltos en las mantas y en los fuertes sentimientos que los unían.

- Yo también te quiero, Tonya Crowley – sentenció él, mucho más serio de repente – Tanto que a veces me da miedo lo que podría llegar a hacer por ti… Le prendería fuego a este sitio por ti.

Ella lo observó sobrecogida y él le dedicó una sonrisilla.

-Sacaría los libro primero, por supuesto, pero lo reduciría a cenizas. – puntualizó.

- ¿Después de lo que nos ha costado hacerlo habitable? – repuso la chica fingiéndose escandalizada - ¡Por encima de mi cadáver!

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Golden G String. Miley Cyrus.

Chapter Text

Azirafel estaba buscando su camiseta tras el mostrador cuando el sonido de la campanita de la puerta lo sobresaltó.

- Estamos cerra… Oh –

En el umbral de la puerta una mujer menuda y rubia lo observaba con unos ojos tan grises como los de él, pero mucho más fríos.

- Buenos días, madre – dijo con un hilo de voz.

Isabella Esterngate recorrió con la mirada el amplio espacio de la librería.

- Así que al fin has hecho algo al respecto de este sitio.- dijo observando el estado del local con ojo crítico.

- Se que no lo apruebas pero…

- Pero eso ya no es de mi incumbencia ¿No es así? - lo cortó con una sonrisa fría como el hielo.

Azirafel trago saliva. Cuando su madre empleaba ese tono no sabía a qué atenerse. Podría ser la antesala de una felicitación o una bronca monumental. Respiró hondo y se recordó a sí mismo que ya no tenía doce años.

- Así es, ahora es mi problema. No te causaré más dolores de cabeza.- repuso fingiédose más seguro de si mismo de lo que realmente se sentía.

- ¿Ah no? ¿Entonces he de suponer que esa pelea detrás de uno de mis clubes ha sido la última?

El chico cerró la boca y apretó los labios inseguro de cuánto sabía ella y de cuánto podía decir. Miss Esterngate paseaba a su alrededor como un león rondando a su presa.

- Te tranquilizará saber que mis abogados le han hecho una visita al señor Beast y ha prometido no volver a mirar en tu dirección.

- Gracias – croó él alrededor del nudo que se había apretado en su garganta.

- No hay de que. Puede que no apruebe tus decisiones vitales, pero me importa tu bienestar, lo creas o no. – por su tono parecía dolida, pero con ella Azirafel nunca sabía lo que era real y lo que era puro chantaje emocional.

Miss Esterngate tomó un libro al azar y examinó la contraportada.

- Lo que realmente me ha estado intrigando es como un joven educado como tú ha acabado en semejante situación. Pensé que habíamos dejado atrás estos incidentes.

El chico apretó los dientes. “Incidentes”… Cualquier cosa por evitar un escándalo.

- Razones de fuerza mayor – dijo él alzando la barbilla. No pensaba avergonzarse de sus actos, ya no.

Unos pasos quedos en la escalera lo hicieron volverse y recordó que no estaba solo en la librería. Su madre lo ponía tan en tensión que le impedía concentrarse en nada más.

- ¿Zira? – dijo la voz de Tonya apareciendo en los últimos escalones.

La mirada gris de Miss Esterngate se clavó en ella y Azirafel perdió el poco color que tenía.

 La chica, de pie en el último escalón estaba completamente desnuda, su cabello pelirrojo desordenado cayendo sobre sus hombros.

No parecía sorprendida, sino más bien curiosa. Sin ademán alguno de cubrir su desnudez ladeó la cabeza y observó a la recién llegada con una media sonrisa.

- Ah, entiendo – dijo la mujer con voz monocorde – Debí imaginar que estaba relacionado con alguno de tus… líos de faldas – añadió a falta de una expresión mejor.

Azirafel boqueó como un pez fuera del agua, pero Tonya no pareció amilanarse. Rechazó la camiseta que él le tendía tímidamente y se acercó a la mujer sin rastro de sonrojo.

- Usted debe ser Isabella Esterngate. Tonya Crowley – se presentó tendiéndole una mano que la otra no estrechó. – ¿En serio? – preguntó observando su propia mano como si en ella hubiese algo que justificase la actitud de su interlocutora – Pensé que se jactaban de ser gente educada.

Para sorpresa de Azirafel su madre dejó escapar una carcajada, no una especialmente cálida, pero algo era algo.

- No digo que sea apropiada, pero al menos tiene agallas. – dijo mirando al chico, pero sin dirigirse a ella.

Entonces Azirafel sintió cómo su musculatura se tensaba. El hecho de que le hablaste como si ella no estuviese delante le hacía hervir la sangre y presagiaba más motivos legítimos de cabreo.

Miss Esterngate le sostuvo la mirada con si insensibilidad habitual. O bien no percibía el enfado de su hijo o bien le daba igual.

- Está bien – dijo cambiando el tono, como si hubiese finalizado algún tipo de actuación. – Ya te las has arreglado para conseguir tus caprichos. Haré un par de llamadas y arreglaremos esa estupidez de dejar tus estudios, quizás aún puedas presentarte a los próximos exámenes, si…

- No – mustio Azirafel.

- ¿Qué has dicho?

- He dicho que no – respondió más alto y obviamente enfadado – No voy a retomar mis estudios y no voy a heredar tus negocios. Se lo pueden repartir tus sobrinos, yo no quiero saber nada. Ahora vivo aquí y lograré mantenerme, de una forma u otra. Ahora, si eres tan amable… - le espetó señalando hacia la puerta.

La mujer pestañeó estupefacta y miró hacia Tonya buscando algún tipo de complicidad, convencida de que la chica estaba interesada de algún modo en el negocio familiar, pero nada más lejos de la realidad.

- ¿No lo ha oído? – dijo la chica cruzando los brazos, con esa expresión rebelde que solía utilizar para poner en fuga a la clientela de la tienda de electrónica- Salga de aquí inmediatamente o yo misma me ocuparé de sacarla a patadas.

Estaba claro que Miss Esterngate no estaba acostumbrada a que le hablasen así. Azirafel nunca la había visto tan desconcertada.

Sus ojos grises miraron alternativamente a su hijo y a la compañera de éste, sus dedos se crisparon sobre la piel de su carísimo bolso y salió de la tienda como un vendaval.

- Voy a pagar esto muy caro – dijo Azirafel súbitamente horrorizado.

- Nah – repuso Tonya son darle importancia - ¿Crees que dejará que Lucifer venga a por nosotros?

- No, jamás se arriesgaría a que esto llegase a la prensa – razonó él dejando a un lado el posible afecto que pudiese profesarle su madre.

- Pues entonces ¿Qué coño nos va a hacer? ¿Mandarnos a sus abogados? – dijo la chica encogiéndose de hombros – No tienen nada contra nosotros.

Azirafel la miró con una mezcla de admiración y orgullo. Después de los horrores a los que se había enfrentado la joven unos cuantos hombres trajeados no parecían amedrentarla lo más mínimo.

- Si vienen, tú déjamelos a mi – añadió con una sonrisa perversa.

Azirafel la observó subir las escaleras atrapado por la visión de esas caderas insinuantes y de su pálida piel cuajada de pecas.

- ¿Vienes a la cama? – preguntó ella apoyada en el pasamanos.

- Deberíamos seguir… - dijo él sin mucha convicción.

- Tu mismo – repuso ella con un travieso guiño de uno de sus ojos dorados

Azirafel notó su cuerpo reaccionar por si solo, como atraído hacia ella por una fuerza magnética. Criatura tentadora.

- Mierda – mustió rindiéndose y empezando a subir la escalera tras ella.