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Eros ~Dall'uva dolce al vino inebriante~ (Spanish ver)

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A sus 40 años de edad Leone Abbacchio siente cada día de su existencia como una pesada carga.

Un hombre maduro y acaudalado, alcohólico, soltero y viviendo cada día desde sus 20 en la miseria a pesar de todos los bienes materiales que posee.

Leone Abbacchio está solo, arrastrando su existencia por la vida con una depresión constante aquejándolo desde su juventud, desde aquel fatídico día en el que toda su vida se arruino por completo.

Pero el destino era cruel y había confabulado para qué a pesar de ser un intento de hombre sin valor alguno, el cual sobrevivió, le fuera absurdamente bien en lo material.

Una casa enorme y lujosa en Nápoles en la que había vivido solo durante poco más de 20 años. El auto deportivo que siempre soñó tener desde joven, un Maserati clásico que valía una fortuna. Dinero a manos llenas, soledad que no parecía tener fin. Noches incontables bebiendo hasta perder la conciencia.

Pero él lo prefería así. La soledad era lo mejor, él estaba sumamente exhausto y viejo. Nunca contrajo matrimonio, mucho menos formo una familia. Jamás había estado enamorado ni conocido tal cosa como el "romance", lo cual le parecía más algo puramente ficticio que real.

Ni siquiera poseía ya salud, eso fue cosa de su juventud. En los últimos 20 años Leone Abbacchio se ha descuidado completamente y como resultado tenía ante él una imagen en el espejo que jamás llego a imaginar que tendría durante su juventud.

Luego de tomar un largo baño fresco aquella noche para tratar de deshacerse del fuerte aroma a alcohol siempre presente en él, Abbacchio se miró al espejo cubierto únicamente con una toalla a la cintura.

Abbacchio estaba gordo. Y en ocasiones eso era disgustante, pero la mayoría del tiempo no le importaba. Tenía la barriga enorme, lo que alguna vez fueron un par de pectorales fuertes y un abdomen marcado hoy en día solo era grasa con vello platinado. Su rostro iba de la mano con ello y a pesar de que mantenía sus rasgos varoniles y continuaba usando maquillaje, la edad había comenzado a hacer de las suyas en él, con un par de arrugas de ojeras bajo sus ojos y una que otra línea de expresión. Lo único de lo que podría seguir estando orgulloso era su cabello, el cual mantenía largo y bien cuidado, de un brillante color platinado.

En los últimos 20 años, al verse subiendo de peso constantemente, por supuesto que Leone había intentado hacer algo. Dietas que duraban un día, suscripciones a gimnasios a los que solo asistía una semana antes de mandar todo a la mierda y quedarse por las noches en su casa tragando enormes cantidades de comida y emborrachándose hasta la inconciencia.

Había perdido la cuenta de las veces que había intentado volver su estilo de vida aunque fuese un poco saludable para después rendirse por completo y terminar en lo mismo, una y otra vez, sintiéndose hastiado, de mal humor, completamente harto.

Ir con un terapeuta tampoco era una opción. Lo intento, aproximadamente hace 17 años, por influencia de su mejor amigo. ¿La terapia con el psicólogo? Duro aproximadamente tres meses, pero el constante odio a si mismo fue su peor enemigo y termino venciéndole. Se negó rotundamente a asistir a algún tipo de terapia nuevamente. Había personas que realmente la necesitaban y la aprovecharían, seria egoísta de su parte hacer perder su tiempo a cualquier psicólogo con alguien que no tenía remedio y era un absoluto malhumorado alcohólico enojado consigo mismo nada más. El alcohol y la comida eran lo único que necesitaba.

Abbacchio se colocó una bata de baño y camino por su lujosa casa, secándose el cabello con una toalla. No quería seguir bebiendo esa noche, ya era demasiado tarde y debía de trabajar mañana, aunque no necesitara ese sustento...

Podría decirse que estaba mejor que hace un par de meses gracias a ese trabajo que recientemente había conseguido en un impulso.

Ser guardia de seguridad en el centro comercial le recordaba un poco a sus días de gloria en la fuerza policial que sabía que jamás volverían. En lo que iba del mes había impedido dos robos, mantener el orden en el centro comercial le había dado algo más en que pensar que en pasarse comiendo y bebiendo todo el día, aunque a veces le diera demasiada flojera pasar demasiado tiempo de pie o caminando por los alrededores del centro comercial teniendo que lidiar con uno que otro mocoso fastidioso.

Su mejor amigo, Risotto Nero, le había dicho que estaba orgulloso de él, porque según Risotto, ese había sido el primer paso que había dado inconscientemente para empezar a cambiar su vida.

Aunque no lo hizo con tal propósito, solo postulo para ese trabajo porque estaba aburrido y harto del sin sentido que era su día a día.

Obviamente, aun había otras muchas cosas que comenzar a corregir.

Empezando por... su salud.

Abbacchio camino por la cocina y abrió el refrigerador, los restos de una pizza tamaño familiar que compro la noche anterior para él solo fue lo primero que capto su atención. Descuidadamente, coloco todas las rebanadas apilándolas en un plato y arrojo todo dentro del microondas.

Se dijo que ya no bebería por esa noche, pero mientras esperaba a que estuviese caliente la pizza, el bar le pareció de lo más seductor.

Leone se acercó y observo la botella de vino blanco de la que había estado bebiendo anteriormente. Pero luego de alzarla y mirar la etiqueta durante un rato sintió unas repentinas ganas de beber algo diferente.

Cerveza. Si, había cerveza en el refrigerador... De hecho, de eso estaba lleno el enorme refrigerador de dos puertas.

No le importaba una mierda combinar alcohol, los efectos de las copas de vino que bebió antes de tomar un baño ya habían disminuido, además, debido a su constante "practica" tenía una fuerte resistencia al alcohol.

Una cerveza nada más, para cenar. Y eso sería todo por hoy. Sería un fastidio quitarse el aroma a alcohol mañana que se levantase.

El albino se dirigió al refrigerador nuevamente, llevando la botella de vino en su mano. Dejo la botella dentro y saco una botella de cerveza en su lugar, la cual destapo con sus dientes.

Tal vez debería dejar de hacer eso, si no quería chingarse una muela...

El timbre del microondas anuncio que su comida estaba lista. Abbacchio camino por la enorme cocina para sacar el plato caliente de ahí, sin importarle lo caliente que este se encontraba. Verifico que la montaña de rebanadas de pizza se hubiese calentado bien y emprendió camino hacia la sala, revisando con una mirada rápida que todo estuviese en orden en la cocina.

Si que le hacía gracia tener una cocina tan enorme y perfectamente equipada para un chef que ni siquiera utilizaba. Le daba pereza cocinar. ¿Para qué? Con comida rápida o restaurantes estaba bien, aunque muchas veces extrañara el sabor de una comida casera, pero siempre que era así se solucionaba rápidamente yendo a visitar a Risotto.

El sofá se hundió demasiado cuando Abbacchio dejo caer su peso descuidadamente en él. Dejo el enorme plato de pizza en la mesita de enfrente junto a su cerveza y busco el control remoto de la enorme pantalla ante él.

Se decidió por poner una serie de artes marciales. A Abbacchio le gustaba ver Cobra Kai, ver a los actores de Karate Kid igual de viejos que él le hacía sentirse algo identificado.

Estúpido Daniel LaRusso – murmuro Abbacchio, antes de tomar la primera rebanada de pizza y darle una buena mordida.

Cuando iba por la quinta rebanada de pizza, su celular comenzó a sonar.

Ni siquiera tenía que preguntarse quién rayos lo estaba llamando a la 1:00 am, la única persona que lo llamaba por teléfono era Risotto. Abbacchio pauso la serie y, sosteniendo su pedazo de pizza entre los dientes, se limpió la mano con una servilleta para tomar su celular.

¿Hm? – "saludo" Abbacchio, luchando un par de segundos para activar el altavoz de manera torpe y dejando el teléfono en su regazo descuidadamente. El albino volvió a tomar su pedazo de pizza para mordisquearlo a gusto. El queso derretido se estiraba deliciosamente con cada mordida, el sabor del tomate con especias era exquisito.

¿Estas cenando de nuevo? – pregunto Risotto, al otro lado del teléfono. El peligris se encontraba maniobrando en la cocina de su departamento, preparando su lonche para el día de mañana.

Si – respondió simplemente el albino. Unas horas antes habían hablado ya por teléfono y Abbacchio le había dicho que estaba cenando hamburguesas. Se comió tres hamburguesas dobles con papas fritas extra grandes, para ser exacto.

A Risotto no dejaba de asombrarle el increíble apetito de Abbacchio.

Entonces... ¿Vendrás mañana? – pregunto Nero. Él también tenía el teléfono puesto en altavoz y se encontraba picando un par de vegetales.

¿A dónde? – respondió con otra pregunta Abbacchio. El albino tomo otra rebanada de pizza para morder.

Al gimnasio – Risotto termino de cortar sus vegetales y dejo el cuchillo a un lado. – ¡Ghiaccio, puedo oírte! ¡Baja el volumen y no te duermas tan tarde! – grito el peligris.

Leone alcanzo a escuchar un par de gritos provenientes del joven de cabello rizado, el hijo de Risotto.

¿Entonces? – cuestiono nuevamente Risotto, colocando los vegetales recién cortados en una vaporera.

No quiero – Abbacchio gruño. Habían hablado de eso ya varias veces.

A pesar de su ajetreada agenda como padre soltero, Risotto Nero se las arreglaba para llevar el sustento a su casa, estar al pendiente de su joven hijo y cuidar de su salud. El peligris siempre había tenido una rutina de correr todas las noches luego del trabajo, y ahora que Ghiaccio era más grande ya podía permitirse asistir a un gimnasio por las noches, luego de su trabajo.

Tenía un par de meses de haberse inscrito y constantemente molestaba a Leone diciéndole que debería inscribirse también.

Pero para Abbacchio aquello no tenía sentido, sabía que iría, pagaría la mensualidad y terminaría asistiendo solo una semana. Siempre era así.

Correcto, no quieres – Risotto se dirigió a su refrigerador, saco una jarra de té de limón helado y se sirvió un vaso.

No – respondió Abbacchio nuevamente. Termino con su rebanada de pizza devorando hasta la orilla y tomo otra. Ya había perdido la cuenta de cuantas llevaba.

¿Cuándo fue la ultima vez que fuiste a un chequeo médico? – cuestiono Nero.

No lo se, hace 3 años cuando me encontraron piedras en la vesícula – divago Abbacchio - ¿A que viene eso? – pregunto, alzando una ceja.

¿Hace tres años? ¿En serio? – Risotto hasta sonaba indignado. Debido a las dolencias de Abbacchio, había ido a parar al médico donde le extrajeron la vesícula. ¿En serio esa había sido la última vez que lo revisaron? El peligris tomo un largo respiro y se masajeo las sienes con sus dedos. – Eso fue cuando... tenias unos 37 años – dijo, la molestia notable en su voz.

Aja ¿Y qué? – el desinterés en la voz del albino era demasiado evidente, y aparentemente eso solo enervaba más a Risotto.

¿Y qué? Leone – le reprendió el peligris. – Ya no somos jóvenes, idiota. Tienes que ir a hacerte chequeos médicos periódicamente para revisar tus niveles de azúcar y colesterol, tu presión arterial incluso – Risotto continúo regañándole.

Abbacchio rodo los ojos, exhausto y fastidiado. Sin embargo, totalmente quitado de cualquier pena, mordió su pedazo de pizza y le dio un buen trago a su cerveza.

Risotto respiro profundo nuevamente.

Y escucha, es importante que te revisen todo eso. Ya que... tu peso, pesas más que en tu ultimo chequeo, eso no es sano a nuestra edad – dijo Nero, tratando de hacer entrar en razón a Abbacchio.

Ya dilo, estoy gordo – gruño Leone, mirando el plato que antes tenía una montaña de enormes rebanadas de pizza completamente vacío, solo la grasa y un par de migajas quedaban. El albino tomo un pedazo de pepperoni olvidado y lo devoro, lamiéndose los dedos.

Estas gordo – reafirmo Risotto. Una realidad, con los años, su mejor amigo había ido subiendo de peso y jamás había bajado de peso en los últimos 20 años. Eso no era nada saludable.

¿Y qué? No me importa – mintió el albino. Mas o menos, le importaba un poquito. Tal vez, con un par de kilos menos podría asegurarse una cita con una mujer atractiva para tener sexo, hace demasiado tiempo que no tenía sexo, una cantidad ridícula de años que le avergonzaría decir en voz alta, pero era porque estaba ocupado odiándose a sí mismo como para buscar a alguien para coger, además de que era todo un fastidio buscar a alguien. Últimamente, se había estado sintiendo bastante caliente, como era usual, pero jalársela no era la solución de la que tenía ganas desde hace un tiempo. Y obviamente, solo sería un acostón y ya, nada más, sin repetición. Leone no se acostaba con la misma mujer más de una vez.

Solo... Vamos y ya. Si no te convence, buscaremos otra alternativa para ti. También tienes que ir a un chequeo médico – asevero Risotto, algo más calmado. El peligris le dio un buen trago a su vaso de té helado.

Abbacchio sabía que no le sacaría esa idea de la cabeza a Risotto. Desde que iba a ese gimnasio lo mencionaba demasiado, hablando de lo bueno que era y lo bien que estaba sentándole su rutina de ejercicios.

Abbacchio apenas pronuncio una silaba y Risotto lo interrumpió.

Cuarenta años, no lo olvides – recalco el peligris.

Si, bien. No era como si pudiese olvidar de la noche a la mañana que ya era un viejo, uno muy gordo, alcohólico y soltero.

Correcto, ir una vez, fingir que iría una semana y después inventar una excusa, así Risotto comprobaría que era un caso perdido, o tal vez podría quedarse un poco de tiempo para bajar esa gran barriga que tenía, pues recientemente había tenido que comprar una talla de pantalones más grande y cada vez se sentía más fatigado durante las épocas de calor. Respecto al chequeo médico... ahora le daba curiosidad descubrir que tan jodido estaba.

Estúpido Risotto, por su culpa ya estaba pensando en pendejadas.

Esta bien – respondió finalmente el albino, limpiándose la mano engrasada con una servilleta.

Perfecto – finalmente, Risotto sonaba satisfecho con una respuesta suya. – Pasare por ti saliendo del trabajo – dijo el peligris. Ambos estaban conscientes de que si acordaban encontrarse ahí, Abbacchio no iría.

Si, esta bien – Abbacchio tomo su botella de cerveza y vacío lo que quedaba de un trago.

Cuando se despidieron, Leone dejo su teléfono celular a un lado. En silencio, miro en la pantalla congelada a Daniel LaRusso y Johnny Lawrence. ¿Qué edad tenían esos actores? ¿Unos cincuenta y tantos? Y aun así se miraban en muy buena forma, mucho mejor que la de él, quien tenía 40.

En silencio, Abbacchio desabrocho su bata de baño y miro su barriga cubierta de vellos platinados, el resorte de su ropa interior apretando su cadera. Estaba demasiado gordo.

Abbacchio resoplo, volvió a atar su bata de baño y se puso de pie. Apago la televisión y fue a arrojar al fregadero el plato sucio y la botella de cerveza vacía antes de irse a la cama, su jodida cama enorme completamente sola e incluso demasiado grande para alguien tan gordo como él. Ya cuando despertara más tarde sería otro día.   

 

 

 

 

Vean esta belleza, para que tengan el primer vistazo del aspecto de Abbacchio y Bruno en esta historia, y por favor visiten las redes sociales de la artista! 

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